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viernes, 14 de junio de 2019

LOS 11 PUEBLOS MEDIEVALES MÁS BONITOS DE ESPAÑA.

Su historia, arquitectura y entorno se les suma una vibrante vida cultural y una oferta gastronómica más que seductora.

El paseo por sus calles descubre fragmentos de historia de la época medieval que se conjugan con la visión más contemporánea de la vida. Los anchos muros de piedra de casas palaciegas, hogares modestos y vetustos castillos albergan nuevos talleres de artesanos, tiendas a la última, salas de exposiciones, restaurantes… y todo ello bien hilvanado con el día a día de estas poblaciones. Todas estas localidades nacieron hace más de mil años, en lugares encrucijada de caminos que los hicieron prósperos e importantes. Todos estos pueblos han conseguido guardar hasta hoy un patrimonio excepcional que merece una detenida visita.


BESALÚ (GIRONA)

Es uno de los núcleos medievales mejor preservados y en realidad no le falta de nada. Situado en la comarca de la Garrotxa, Girona, se entra al pueblo a través de un majestuoso puente románico que conduce al interior del recinto amurallado. Una vez allí, callejuelas empedradas se entretejen para llevarnos hasta visitas tan recomendables como la iglesia de Sant Vicenç del siglo XII y la Sala Gótica de la Curia Real. No perderse el recorrido por el barrio Judío, el Call jueu.


ALBARRACÍN

Desde lejos se observa la silueta fortificada de este pueblo turolense que se baña en las aguas del río Guadalaviar. Aupado en la cresta de un peñasco a más de 1.100 metros del nivel del mar, sus calles costean la difícil orografía, entre casas de entramados de madera y barro. Con vestigios celtas y romanos, Albarracín debe su nombre a la presencia musulmana que se dilató durante casi un siglo, hasta el siglo XII. Conviene no perderse el paseo por las murallas y detenerse en la Plaza Mayor y la calle de la Catedral, el centro histórico de la ciudad. 


SANTILLANA DE MAR

Los orígenes de esta población cántabra se remontan al siglo VIII, cuando unos monjes construyeron una pequeña iglesia para albergar la reliquias de santa Juliana que un siglo más tarde dio lugar a la colegiata (en la imagen) alrededor de la cual se articula Santillana. La calle del Rey y la plaza del Mercado son sus dos centros principales, flanqueados de edificios sublimes. Además de su patrimonio medieval, Santillana se destaca por su importante legado renacentista y barroco. 


LA ALBERCA

En el corazón de la Sierra de Francia, a unos 70 kilómetros de Salamanca, se halla este pueblo, parada de la Ruta del Camino de Santiago y de la Ruta de la Plata. Fusión de tres culturas, la cristiana, la musulmana y la judía, sus calles laberínticas y estrechas llevan hasta el corazón de la población, la plaza Mayor con espléndidos balcones y soportales. 


PEÑAFIEL

Vino e historia son una combinación perfecta y más si se trata de una comarca como la de Ribera del Duero. El castillo de Peñafiel atisba sobre los viñedos y protege a la población que nació en el siglo X y que se desarrolló en paralelo a la bondad de sus vinos. Para comprobarlo, nada mejor que una visita al Museo del Vino, que se halla en el castillo de Peñafiel. 


PEDRAZA

Esta población segoviana se erige como una de las mejor conservadas y rehabilitadas con varios premios que lo acreditan. Desde mediados del siglo XIV hasta bien entrado el siglo XVII, Pedraza fue un importante centro de elaboración de paños de lana de oveja merina, con talleres que abastecían a ciudades como Florencia y Brujas. Pero, además, Pedraza bulle de animación y vida cultural, con buenos restaurantes y grandes acontecimientos anuales como los Conciertos de la Velas que se celebran en julio. 


AÍNSA (HUESCA)

Sus viejas calles, su castillo del siglo XI, la muralla, la plaza Mayor, la iglesia de Santa María (siglo XII) y las fachadas de casa Arnal (siglo XVI) son algunas de las muestras de la dilatada historia de esta población que también conserva vestigios celtas y romanos. Aínsa es una de las puertas de entrada al Parque Nacional de Ordesa y Monte perdido. 


PERATALLADA


Como un museo al aire libre, pero vivo y trepidante, así es la visita a este pequeño pueblo ampurdanés, envuelto en sólidas murallas y con calles estrechas y tortuosas en la que se alinean bares y restaurantes con encanto. Conserva su carácter rural y su distribución medieval original en un alarde de preservación admirable. Rocomendación: sentarse a tomar algo en la Plaça de les Voltes, rodeados de siglos de historia.


MONTEFRÍO

Bastión del Reino de Granada, fortaleza inexpugnable, Montefrío creció alrededor de un gran castillo que sucumbió ante los Reyes Católicos en 1486. El paseo por las calles descubre retazos de esta historia a través de sus monumentos y plazas, como el mismo castillo que preside la población. 


OLITE

Un pueblo de leyenda, con torreones, almenas y fosos, así es Olite, enclavado en el corazón de Navarra. La entrada por la Torre del Chapitel al recinto amurallado medieval que esconde vestigios romanos es un buen anticipo de lo que depara el recorrido. El casco antiguo de Olite conserva el mismo trazado de calles e incluso los mismos nombres medievales que hace siete siglos.


ZAFRA (BADAJOZ)

Fundada hace casi un milenio como fortaleza fronteriza entre los reinos de taifas de Sevilla y Badajoz, esta localidad fue creciendo poco a poco hasta convertirse en una de las localidades más monumentales de España. Sus dos plazas principales y siamesas y el Palacio del Duque de Feria (actual Parador Nacional) son los grandes referentes de una urbe que, por lo demás, se esparce formando callejuelas retorcidas y encaladas. Una mezcla de pasado defensivo y andalusí que la convierte en un lugar lleno de encanto.

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