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viernes, 23 de febrero de 2018

PUNTO NEMO, EL LUGAR MÁS AISLADO DEL MUNDO.


Si tuviéramos que buscar el lugar más alejado de la civilización, el más aislado del resto del mundo, tendríamos que desplazarnos por el Pacífico sur y perdernos en su inmensidad, navegando durante días y días o sobrevolando el océano hasta alcanzar unas coordenadas concretas: 48º52’6″ Sur y 123º23’6″ Oeste. Es el llamado Polo de inaccesibilidad, más conocido como Punto Nemo en homenaje al personaje de la novela de Verne Veinte mil leguas de viaje submarino.

¿Qué hay allí? cabe preguntarse. La respuesta es nada. O sea, sólo agua y agua hasta una profundidad de 3.700 metros y distante 2.688 kilómetros de la tierra más cercana: por el norte la isla Ducie, una de las que componen el archipiélago Pitcairn que, por si no lo saben, es donde se refugiaron los marinos rebeldes de la Bounty (y nunca fueron encontrados, claro); por el sur, la isla Mahier, que forma parte de la Antártida; al oeste quedaría otra isla, la Chatham, y al este el extremo de Sudamérica, en la parte chilena.

De hecho, esas tierras están más lejos que la propia Estación Espacial Internacional, cuya órbita no supera los 410 km sobre la superficie de la Tierra. Julio Verne acertó, pues, al situar en esa zona la imaginaria isla Lincoln, base donde se escondía el Nautilus y que servía de escenario para otra de sus novelas, La isla misteriosa. Otra que cita el escritor en ese entorno, pero real, es Tabor (Los hijos del capitán Grant), como real y vecino era el pedazo de tierra donde Daniel Defoe hizo sobrevivir a su Robinson Crusoe: Tristan da Cunha.

Y es que el Punto Nemo parece un filón para la literatura fantástica, ya que muy cerca se localizaría también la ignota ciudad sumergida de Ryleh ideada por H.P. Lovecraft como tumba-prisión del temible Ctulhu de sus cuentos.

Ese tono enigmático de refuerza con un hecho real: en 1997, la estadounidense NOAA (National Oceanic and Atpospheric Administration) registró, merced a unos micrófonos colocados allí durante la Guerra Fría para detectar a los submarinos soviéticos, un extraño sonido de baja frecuencia al que bautizó Bloop. Nunca se identificó su causa, especulándose con seismos subacuáticos, luchas entre calamares gigantes y cachalotes, resquebrajamiento de icebergs, etc.

Así que el Punto Nemo es un lugar a tener en cuenta para no naufragar, so pena de encontrarse en medio de 21 millones de kilómetros cuadrados de océano, una superficie similar a la de la antigua URSS.

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