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domingo, 23 de octubre de 2016

EL MITO DE LA PIRATERIA INGLESA: MENOS DEL 1% DE LOS GALEONES ESPAÑOLES FUE APRESADO

Grabado de la época donde la Reina Isabel I nombra caballero al corsario Francis Drake

La literatura y la propaganda anglosajona han exagerado los episodios de una guerra que ganó España. Entre 1540 y 1650, de los 11.000 buques que hicieron el recorrido América-España solo se perdieron 107 a causa de los ataques piratas

La historiografía inglesa ha insistido en repetir que la actividad pirata fue un constante quebradero de problemas, con corsarios de la bajeza moral de Francis Drake o John Hawkins a la cabeza, para el traslado del oro, plata y otras mercancías del Nuevo Mundo a España. Así, según la imagen todavía presente en el cine y en la literatura, Felipe II y el resto de monarcas españoles de la dinastía Habsburgo terminaron desesperados ante los ataques auspiciados por la Monarquía Inglesa y otros reinos europeos. Sin embargo, las cifras de barcos que llegaron a puerto español desdicen esta versión romántica y falseada de la historia. La Flota de Indias se reveló como un sólido sistema casi sin fisuras.

«El sol luce para mí como para otros. Querría ver la cláusula del testamento de Adán que me excluye del reparto del mundo», aseguró el Rey francés Francisco I tras el tratado de Tordesillas, donde españoles y portugueses se repartieron el Nuevo Mundo con el beneplácito del Papa Alejandro VI. Y desde luego los dos imperios ibéricos –más tarde unidos por Felipe II– no estaban dispuestos a compartir su herencia. Es por ello que la Monarquía francesa y otros enemigos del imperio comenzaron a financiar la expediciones piratas contra los barcos que usaban los españoles para transportar las mercancías.

En 1521, piratas franceses a las órdenes de Juan Florin lograron capturar parte del conocido como «El Tesoro de Moctezuma», el grueso de las riquezas que Hernán Cortés envió a Carlos V tras la conquista de Tenochtitlan, abriendo toda una nueva vía para asaltos y abordajes. Sin embargo, los españoles aprendieron pronto a defenderse de los piratas franceses, a los que más tarde se unieron los ingleses y los holandeses, a través de impresionantes galeones, mucho más armados que los navíos piratas, y un sistema de convoys que, siglos después, serviría a las naciones aliadas en la Primera Guerra Mundial para vertebrar su defensa contra los submarinos alemanes.

Entre 1540 y 1650 –periodo de mayor flujo en el transporte de oro y plata– de los 11.000 buques que hicieron el recorrido América-España se perdieron 519 barcos, la mayoría por tormentas y otros motivos de índole natural. Solo 107 lo hicieron por ataques piratas, es decir menos del 1 %, según los cálculos de Fernando Martínez Laínez en su libro «Tercios de España: Una infantería legendaria». Un daño mínimo que se explica por la gran efectividad del sistema de convoys organizado por Felipe II.

Así, el Monarca estableció por Real Cédula nada más llegar al trono las condiciones para asegurar un sistema de defensa naval inmune a los ataques piratas. El viaje de la Flota de Indias se efectuaba dos veces al año. El punto de partida se emplazaba en Sanlúcar de Barrameda, donde la flota realizaba las últimas inspecciones, y desde allí partía hacia La Gomera, en las islas Canarias.

Tras la aguada –recoger agua en tierra–, la escuadra conformada por unas 30 naves navegaba entre veinte y treinta días, en función de las condiciones climáticas, hasta las islas Dominica o Martinica (Centroamérica) donde se reponían los suministros. Durante todo el trayecto el convoy era encabezado por la nave capitana y los galeones mejor artillados se situaban a barlovento –donde sopla el viento– para proporcionar escolta al grupo. El objetivo general era que ningún barco se perdiera de vista o se desviara del rumbo en solitario. Y por la noche, los bajeles encendían un enorme farol a popa para servir de referencia al que tenían detrás.

Pintura que a un galeón español defendiendose del ataque de dos galeras

El sistema de convoy español, cuyo teórico fue el capitán Menéndez de Avilés, sería copiado por Inglaterra y EE.UU. en las dos guerras mundiales. Pero la auténtica prueba de que cumplió con su proposito es que solo dos convoys fueron por completo apresados en toda su historia: la primera, en 1628, a la altura de Matanzas (Cuba), a manos del almirante holandés Piet Heyn; y una segunda vez en 1656.

¿Quedó herido el Imperio por la piratería?

Sin capacidad para atacar a la Flota de Indias o a los galeones de gran tamaño, la actividad de Francis Drake y de otros de su tallaje se limitó en la mayoría de casos a ataques contra indefensas poblaciones del Caribe. No en vano, el sistema defensivo de algunas poblaciones españolas era realmente deficiente y era fácil sacar partido de la incompetencia de los gobernadores locales. Por ejemplo, el 1 de enero de 1586, el citado Drake tomó la ciudad de Santo Domingo durante un mes y luego la incendio impúnemente.

Sin embargo, tras el desastre de la Armada Invencible Felipe II se tomó en serio el problema de la piratería y destinó ocho millones de ducados para nuevas naves y fortificaciones en el Caribe. Estas, como la inexpugnable Cartagena de Indias, fueron reforzadas por los mejores arquitectos del Imperio. Un esfuerzo logístico que aceleró la decadencia de este tipo de piratería, aquella financiada e impulsada en las sombras por países como Inglaterra, Francia o Holanda. Cabe recordar que, aunque personajes como Drake contaban con patente de corso, España no reconocía a estos piratas como consarios sino como piratas, puesto que actuaban en tiempos de paz.

Es por todas estas razones que el historiador Germán Vázquez Chamorro resta importancia a la influencia que pudo tener la piratería en el proceso de decandencia del Imperio español. En su opinión, los más famosos piratas encumbrados a la fama, sobre todo por la literatura y la propaganda inglesa, realmente atacaban barcos pesqueros o chalupas de escaso o nulo valor para la Corona española. De hecho, los enemigos de España prescindieron de aliarse con los piratas cuando descubrieron otros métodos para ganarle terreno a este imperio. Así, en los siglos XVII y XVIII, todas las naciones se conjuraron para perseguir y castigar sin piedad a los piratas.


jueves, 20 de octubre de 2016

CON USTEDES, LOS CHARLATANES OCCIDENTALES QUE JUSTIFICAN LA YIHAD


La cumbre del cinismo la alcanzó Dario Fo tras el 11-S.

Tras el 11 de septiembre de 2001, la crema de los intelectuales europeos empezó inmediatamente a buscar justificaciones para la yihad. Estaban obviamente fascinados por el rifle de asalto Kaláshnikov, "el arma de los pobres". Para ellos, lo que habíamos visto en Nueva York era una quimera, una ilusión. Los asesinatos masivos eran supuestamente el suicidio de la democracia capitalista, y el terrorismo la cólera de los desempleados, el arma desesperada de un lumpemproletariado agraviado por la arrogancia de la globalización occidental.

Esos intelectuales han sembrado la semilla de la desesperación en una gran caja de resonancia occidental. Desde el 11-S hasta las más recientes matanzas en suelo europeo, los occidentales asesinados son presentados como simples víctimas colaterales de una guerra entre "el sistema" y los parias de la Tierra, que sólo están reclamando su lugar en la mesa.

Uno de esos intelectuales es Michel Onfray. Hace algún tiempo ya que conocemos la cínica expresión tonto útil, que se suele atribuir a Lenin y se utilizaba para denominar a los occidentales que justificaban los horrores del comunismo. La revista francesa L’Express lo ha utilizado para describir a Onfray: "El tonto útil del islamismo".

Cuando, en 2005, se publicó su Tratado de ateología, Onfray jamás se hubiese imaginado que diez años después se convertiría en la niña bonita de la organización islamista Estado Islámico (ISIS). Sin embargo, el 21 de noviembre de 2015, una semana después de las matanzas de París, Onfray apareció en un vídeo de propaganda del Estado Islámico. Pocos días después, Onfray, ese ídolo de la reflexiva clase media europea, dijo: "El ISIS y Francia podrían firmar una tregua".

Onfray dio otra entrevista, a la revista Famille Chrétienne, donde explicaba que no hay diferencias morales entre "matar vidas inocentes de mujeres, niños y ancianos" y el "terrorismo de Estado": entre el ISIS y la guerra occidental contra el terrorismo.

Onfray es el filósofo francés más leído del mundo, y ha destronado a Michel Serres, Michel Foucault y Jean-Paul Sartre. Este filósofo embriagado por la Ilustración ha escrito 80 libros, que se han traducido a casi 30 idiomas. No es marxista, sino un hedonista libertario. Según Onfray, la herencia judeocristiana impide el goce libre del amor. De ahí su insistencia, en definitiva, en que la civilización occidental está "muerta".

¿Cómo pudo este gran hedonista, teórico del materialismo y el ateísmo, convertirse en la niña bonita de los degolladores islamistas? El primer ministro Manuel Valls lo acusó de haber "perdido el norte".

Si Onfray pide una tregua con el Estado Islámico es porque cree que Francia es responsable de lo que le ha ocurrido. En su libro Pensar el islam, Onfray escribió: "Si nos atenemos a los hechos históricos y no a las emociones, Occidente atacó primero". Al parecer, Francia está recogiendo lo que ha sembrado. Por supuesto que los islamistas matan y masacran, pero no es por su culpa, ya que Occidente, a juicio de Onfray, atacó primero.

También parecía dar más excusas al ISIS al hablar de la "islamofobia" francesa.

¿Por qué se ha vuelto Onfray tan popular entre los yihadistas franceses que luchan en Siria e Irak? El periodista David Thomson, especialista en movimientos yihadistas, explicó: "Onfray es traducido al árabe y sus textos se comparten en todas las webs pro ISIS". Hablando con Jean-Jacques Bourdin en 2013, Onfray defendió incluso el derecho de los islamistas a aplicar la sharia en Mali.

Onfray reconoce que estamos en guerra. Pero esta guerra, según él, la empezó George W. Bush. Se olvida de que 3.000 americanos fueron asesinados el 11 de septiembre de 2001. Si se le recuerda que el "ISIS mata a gente inocente", Onfray responderá: "Nosotros también hemos matado a gente inocente". Es la equivalencia moral perfecta entre el ISIS y Occidente. ¡Bárbaros contra bárbaros! Los 130 franceses asesinados el 13 de noviembre de 2015 son simples marionetas de Occidente. Con su relativismo moral, Onfray abre la puerta al degüello islamista.

Onfray pertenece a una larga lista de charlatanes que pululan en la intelectualidad europea. En un artículo en Le Monde, el filósofo alemán vivo más famoso, Jürgen Habermas, afirmaba: "El yihadismo es una forma moderna de reacción a las condiciones de vida que caracterizan el desarraigo". Alguien debería haberle explicado que todos los terroristas estaban bien integrados en las democracias francesa y belga, y que vivían de prestaciones sociales.

Otro celebridad del mundo de la filosofía, el gurú neomarxista esloveno Slavoj Zizek, decía que el islamismo podría parecer reaccionario; pero

"""en un curioso giro, la religión es uno de los posibles lugares desde los que se pueden plantear dudas críticas sobre la sociedad de hoy. Se ha convertido en uno de los lugares de resistencia."""

Zizek también afirmaba que los "islamofascistas" y los "racistas europeos antiinmigración" son"las dos caras de la misma moneda".

Tras las matanzas de París, el intelectual francés Thomas Piketty apuntó a la "desigualdad" como origen del éxito del ISIS. Otro filósofo alemán muy conocido, Peter Sloterdijk, dijo que los atentados del 11 de Septiembre fueron sólo "unos pequeños incidentes".

José Saramago, Premio Nobel de Literatura, afirmó que estrellar dos aviones contra las Torres Gemelas era "una venganza contra la humillación".

Están también los que, como el pensador francés Jean Baudrillard, dijeron que los ataques contra las Torres Gemelas era lo que Estados Unidos quería en realidad. En resumen: lo hicieron los terroristas islámicos, pero nosotros lo queríamos. O por citar al famoso compositor alemán Karlheinz Stockhausen, el atentado contra el World Trade Center fue "la mayor obra de arte posible en todo el Cosmos".

La cumbre del cinismo la alcanzó Dario Fo, el ganador del Premio Nobel de Literatura en 1997, que tras el 11-S declaró:

"""Los grandes especuladores se regodean en una economía que mata de miseria a decenas de millones de personas cada año, así que ¿qué son 20.000 muertos en Nueva York? Independientemente de quién haya llevado a cabo la masacre [del 11-S], esta violencia es hija legítima de la cultura de la violencia, del hambre y de la explotación humana."""

Esto ya pasó antes. Filósofos como Martin Heidegger y Carl Schmitt, escritores como Knut Hamsun y Louis Ferdinand Céline, músicos como Wilhelm Furtwangler y Ernst von Karajan son sólo algunos de los representantes más famosos de la cultura europea que abrazaron el sueño de Adolf Hitler. Sus herederos justifican ahora la yihad como el castigo definitivo a las libertades y la democracia occidentales.