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lunes, 27 de junio de 2016

EE.UU., RUSIA Y CHINA PREPARAN EL RETORNO DE UNA BESTIA: EL CRUCERO DE COMBATE

El DDG-1000 estadounidense de la clase Zumwalt.

El DDG-1000 de la clase Zumwalt; el Almirante Najímov de la clase Kirov, y el Tipo 055. Son los tres letales cruceros de combate que preparan EEUU, Rusia y China

EEUU acaba de recibir para su Marina el mayor barco (portaviones aparte) desde la desactivación de los acorazados clase Iowa; China prepara la construcción de un buque equivalente, y Rusia se ha puesto a renovar el crucero nuclear soviético Almirante Najímov con armas modernas. ¿Regresan los grandes barcos a las marinas de guerra?

Desde siempre hasta la Segunda Guerra Mundial, y con muy escasas excepciones, los buques de guerra tendieron a ser cada vez más grandes. Y no solo por la vanidad y el ego de quienes los fabricaban, a veces tan inmensos como para que se construyeran monstruos muy poco prácticos, sino porque el avance tecnológico así lo marcaba.

El mayor número de hombres en la época del abordaje, o de cañones en la de la artillería, y más tarde el desarrollo de la maquinaria de vapor hicieron que las flotas estuviesen compuestas de unidades cada vez más grandes. Un acorazado con menos cañones pero máyores y blindaje más resistente tenía que ser más grande que su ancestro, igual que un portaviones de mayor tamaño no solo puede transportar más aviones sino que genera más salidas de ataque haciéndolo un combatiente más letal. Y sin embargo, desde la Guerra Fría, y con excepción de los portaviones, los barcos de guerra han sufrido una drástica reducción de tamaño.

La Armada de EEUU acaba de recibir su primer ‘destructor’ de la clase Zumwalt, el DDG-1000, con casi 15.000 toneladas de desplazamiento

En efecto: una fragata moderna como las de la serie F-100 española desplaza alrededor de 5.000 toneladas, más del doble que un destructor de la clase Fletcher estadounidense de la Segunda Guerra Mundial, pero muy por debajo de las 10.000 toneladas de un crucero ligero de esa época; y no digamos de las 50.000 de un acorazado de la clase Iowa o de las 40.000 de un clase King George V británico. La tendencia desde los años cincuenta ha sido hacia la reducción de tamaño de los buques de guerra, debido al desarrollo de dos tecnologías que anularon las ventajas del tamaño.

Por una parte, la aviación demostró durante la guerra que el blindaje, por fuerte que fuese contra proyectiles de artillería, de nada servía al enfrentarse con las bombas y los torpedos lanzados por aviones. Los mayores y más blindados barcos de guerra artillados de la historia fueron pasto fácil de los aviones, como demuestra la larga lista de acorazados hundidos por ellos: Bismarck y Tirpitz (alemanes), Yamato y Musashi(japoneses), Prince of Wales (británico), Roma (italiano) o los cuatro estadounidenses hundidos en Pearl Harbor (Arizona, Oklahoma, West Virginia y California), entre otros.

El DDG 1000 estadounidense. (Foto: Reuters)

Por otra parte, el reemplazo de la artillería por los misiles hizo innecesarias las pesadas estructuras que albergaban y servían a los grandes cañones, como las torretas, ascensores de munición o santabárbaras. Barcos más pequeños, y por tanto más baratos, podían ser igual de letales o más, y ninguna cantidad de blindaje podía asegurar su supervivencia, como quedó demostrado cuando el HMS Sheffield británico fue destruido en el conflicto de las Malvinas por un misil medio Exocet... que ni siquiera estalló.

La consecuencia fue una carrera hacia abajo en la que el tamaño de los combatientes navales se redujo sustancialmente, al mismo tiempo que su letalidad aumentaba y la distancia que eran capaces de controlar crecía. Los últimos acorazados fueron desguazados; los cruceros emprendieron el camino del retiro. Y los nuevos combatientes se estabilizaron, los mayores de ellos del tamaño de lo que en la Segunda Guerra Mundial se hubiesen llamado cruceros ligeros (unas 10.000 toneladas). Solo la Unión Soviética lanzó en los años ochenta la clase Kirov de cruceros de batalla nucleares armados de misiles hipersónicos para liderar grupos de ataque a portaviones estadounidenses. El resto de las marinas optó por barcos mas pequeños. Hasta ahora.

La vuelta de los grandes buques

Así, la Armada estadounidense acaba de recibir oficialmente su primer ‘destructor’ de la clase Zumwalt, el DDG-1000, que con sus casi 15.000 toneladas de desplazamiento supera ampliamente las entre 8.200 y 9.500 de sus antecesores de la clase Arleigh Burke. Armado con dos cañones avanzados de 155 mm, optimizado para el ataque a tierra y conocido sobre todo por su aspecto futurista, diseñado para dificultar su localización por los sensores enemigos, el Zumwalt y sus dos compañeros de clase serán los barcos más grandes de su Marina si descartamos portaviones y anfibios.

El crucero de combate ruso Almirante Najímov, de la clase Kirov, 
que se actualizará en los próximos años.

Al mismo tiempo, Rusia está remodelando uno de los clase Kirov que heredó de la Unión Soviética, que con sus más de 25.000 toneladas de desplazamiento es uno de los mayores buques de guerra del mundo no dedicado a lanzar aviones. El Almirante Najímov se completó en 1986 y, junto al Pedro el Grande, era el último de su clase en mantenerse operativo; los reactores nucleares de sus dos compañeros se consideran demasiado inestables.

El Almirante Najimov va a recibir sensores modernos, misiles de crucero y antibuque de la familia Kalibr, antiaéreos de la familia S-400 y (se rumorea) misiles navales hipersónicos avanzados denominados Zircon, y se espera que se reincorpore a la flota hacia 2019. En ese momento, relevará al Pedro el Grande, que será sometido a los mismos cuidados; los otros dos ejemplares se dice que también serán devueltos al servicio, aunque hay más dudas sobre ello.

China no se queda atrás

Y por si fuera poco, el tercero en discordia, China, también trabaja en desarrollar su propia versión del crucero moderno. El Tipo 055 aún está en fase de diseño, pero la Armada china ha construido una maqueta a tamaño real para poner a prueba algunas de sus tecnologías en un edificio paradójicamente situado en Wuhan, tierra adentro. De sus dimensiones y características puede deducirse que el Tipo 055 tendrá entre 160 y 180 metros de eslora y desplazará entre 12.000 y 14.000 toneladas, lo que lo convertirá en el mayor buque de guerra no dedicado a la aviación de un país asiático desde la Segunda Guerra Mundial.

Imagen del crucero de combate chino Tipo 055 en construcción.

 Los tres desarrollos tienen una razón de ser que no tiene (mucho) que ver con el prestigio nacional: los barcos grandes vuelven porque la tecnología está a punto de cambiar de nuevo, esta vez favoreciendo cascos mayores. Y no solo porque los barcos más grandes puedan llevar más misiles, que también; en este caso, la clave son las capacidades de generación eléctrica para sensores, propulsión avanzada y (sobre todo) futuras armas como cañones láser o electromagnéticos.

Los nuevos cruceros está diseñados para ser capaces de generar y utilizar gran cantidad de electricidad; el USS Zumwalt incluso tenía previsto llevar cañones electromagnéticos en lugar de los convencionales, pero la tecnología aún no está lista, aunque puede que él o sus hermanos de clase la reciban en un futuro. Los cañones dieron paso a los misiles y eso redujo el tamaño; los láseres y los cañones electromagnéticos necesitarán de nuevo barcos más grandes. De paso, puede que el tamaño contribuya a hacerlos algo más capaces de encajar impactos y seguir a flote. Y así la eterna rueda de la evolución naval seguirá rodando.

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