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miércoles, 16 de marzo de 2016

UN LEGIONARIO DE PERMISO PROVOCA EL PÁNICO EN LAS CALLES DE BARCELONA.


El caballero legionario José Rebollet Guisasola, natural de Reus, gastador del Tercio Gran Capitán de Melilla, fue ayer el causante involuntario de terribles escenas de pánico a lo largo de toda Barcelona y parte del cinturón industrial de la ciudad condal que terminaron con 16 diputados de ERC y 34 de Convergència en Perpignan, además del precipitado viaje a Zamora del líder de la CUP, David Fernàndez, para visitar a sus padres, jurar bandera y aprovechar para volver a ponerse la tilde mirando otra vez a la derecha.

Según la Delegación del Gobierno, los primeros gritos se pudieron escuchar a eso de las ocho de la tarde en la Plaça dels Països Catalanes, justo en la puerta de la Estación de ferrocarril de Sants por la que salió el legionario que acababa de desembarcar del Ave que le traía a Barcelona con un permiso extraordinario para visitar a su abuela, Montserrat, enferma de gravedad por una pericarditis muy mala y de pésimo pronóstico.

Por lo que parece, tres jóvenes del Raval que pasaban por allí dieron las primeras voces de alarma cuando uno de ellos le pidió fuego al legionario y este le alargó un encendedor con el logo del Tercio Gran Capitán. El joven, que acabó por desmayarse, gritó, fuera de sí: “¡Madrit ya ha mandado a la Legión!”, provocando las primeras carreras. 

En una reacción en cadena que llegó en pocos minutos desde Sants hasta La Barceloneta, decenas de miles de personas corrieron en pánico por las calles de Barcelona en dirección al Puerto Olímpico, donde trataron de abordar todas las embarcaciones de recreo que había en las dársenas para zarpar en dirección a Córcega.

No fue hasta las cuatro de la mañana, cuando la Guardia Urbana, con el apoyo de helicópteros con altavoces, consiguió convencer a los independentistas en pánico de que el legionario no era una avanzadilla de las fuerzas represoras.

Sin embargo, hay que decir que la actitud del caballero legionario, a carcajada limpia durante horas, no contribuyó a calmar la situación, por lo que el Gobierno de la Generalitat (en el exilio provisional hasta que reanuden el servicio de autobuses entre Perpignan y Barcelona), ha transmitido una queja oficial al Ministerio de Defensa. Por el susto, sobre todo.

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