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jueves, 14 de enero de 2016

FEMINISTAS ANDALUZAS SE QUEDAN EMBARAZADAS PARA DESPUÉS ASESINAR AL FETO Y COBRAR UN SEGURO


La Guardia Civil ha detenido a 16 personas acusadas de cobrar indemnizaciones a través de aseguradoras tras exponer a mujeres a accidentes de tráfico leves en los que supuestamente perdían a su bebé en estado de gestación, si bien estas habían sido anteriormente sometidas a un proceso químico de interrupción del embarazo.

Según ha indicado en declaraciones a los periodistas el delegado de Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, las detenciones practicadas en esta operación, que se encuentra bajo secreto de sumario, tuvieron lugar en la tarde de este lunes en la provincia de Almería, si bien no se descartan nuevos arrestos relacionados con los hechos puesto que las actuación se mantiene abierta.

La investigación apunta a una supuesta en el que habrían participado en torno a una decena de mujeres embarazadas que utilizaban como pretexto un accidente de tráfico leve con el fin de percibir una indemnización de las compañías aseguradoras ante la pérdida de un bebé, según han apuntado además fuentes cercanas al caso. El Juzgado de Instrucción número 6 de Almería ha decretado el secreto sobre las actuaciones, realizadas fundamentalmente en la capital, y que estarían relacionadas con supuestos delitos de estafa, tentativa de estafa, pertenencia a organización criminal, aborto y lesiones, según han añadido fuentes próximas a la investigación.

La investigación no descarta, por el momento, que pueda haber facultativos o médicos entre los futuros detenidos, así como que la trama se pudiera haber extendido a otras poblaciones de la provincia almeriense.

Consumo de químicos para interrumpir el embarazo

En este sentido, el representante del Ejecutivo en la región andaluza ha pedido “prudencia” ante la posibilidad de que se produzcan nuevas actuaciones en esta “importante” y “compleja” operación, que también trata de esclarecer el origen de los productos que se administraban a las mujeres para inducirles el aborto. Sanz ha destacado el tinte “dramático” de este caso en el que supuestamente los participantes simulaban los accidentes de tráfico como causa de un aborto para acceder a indemnizaciones por parte del seguro.

“Es un hecho que impacta y que requiere que se aclaren los hechos, se investigue quiénes han podido participar y qué circunstancias se han dado”, ha apuntado el delegado de Gobierno en Andalucía, quien en esta línea ha apuntado que “queda mucho por avanzar”. El delegado del Gobierno ha declinado precisar datos en relación al origen de la investigación, ya que este aspecto forma parte de las diligencias. Igualmente, ha descartado facilitar por el momento la identidad o profesión de los detenidos y el número concreto de mujeres que se habrían visto implicadas en la supuesta trama.

jueves, 7 de enero de 2016

LAS CARRERAS POPULARES PIERDEN SU ESENCIA

Imagen de la San Silvestre Salmantina a su paso por el Puente Romano | San Silvestre Salmantina

Las carreras populares pierden su esencia, por Óscar del Barrio

Llevaba tiempo con ganas de escribir sobre cierta deriva que veo en el atletismo popular, y más concretamente en las carreras populares, ya que en ellas realmente de “atletismo” ya va quedando muy poco (al menos en buena parte de ellas). Finalmente me he lanzado a escribir unas reflexiones personales sobre este tema, a raíz de algunos nuevos episodios que he visto en alguno de las competiciones que han realizado otros atletas (compañeros y conocidos del mundo del atletismo), así como otras vividas en primera persona en estos últimos años. Episodios en los que en gran medida la organización es responsable directa o indirecta de ellos.

Lo primero de todo, quiero dejar claro, que soy consciente de que siempre tendemos a pensar que tiempos pasados fueron mejores. La vida sigue, y es imposible pretender que las cosas no cambien. Por tanto mis reflexiones no son tanto en esa línea de quedarme estancado en el pasado, sino más bien por valorar qué es una carrera popular, y qué ciertos puntos básicos creo que deberían salvaguardarse, para a partir de ahí que cada prueba pueda tener su identidad propia. Quizás falten muchos más, pero yo doy unos cuantos.

Trataré el tema con la mayor de las delicadezas posibles, ya que en este tiempo, cuando se ha hablado sobre esta temática, he visto numerosas veces, como tanto organizadores de pruebas, como empresas y autónomos que “comen” de dichos eventos, no dudan en lanzarse en contra de cualquier atleta que con mayor o menor razón alza la voz sobre algún punto a mejorar, sin tener en cuenta que quizás dicho atleta lleva corriendo carreras 3 ó 4 décadas, y el organizador que critica, no conoce este mundillo más allá del último lustro, y llegó a él, al calor del negocio que se estaba abriendo en España con la organización de las mismas, tratando de acallar cualquier voz crítica, con tal de salvaguardar el negocio. En definitiva, poca capacidad de autocrítica, y mucha criminalización de ciertas actitudes desafortunadas, pero residuales cuando algún corredor no paga la cuota y corre la carrera por poner un ejemplo.

Elena García Grimau y Nuria Lugueros en la cuesta de Fonseca

Dicho lo cual, me tomo la licencia también de remarcar, que creo que es fantástico que como en toda sociedad moderna, se dé cada vez mayor importancia a la salud, al ocio, y al deporte. Es fruto de una sociedad próspera. No sólo el atletismo tiene este boom con las carreras populares. Cada vez hay más gente que monta en bici, patina, y un largo etcétera de actividades. En mis tiempos mozos (hace 2 décadas) pasaba los fines de semana enteros entrenando con la bicicleta en el Retiro de Madrid, y no había casi nadie corriendo, y 2 o 3 grupos que nos conocíamos todos con la bicicleta, los patines o los monopatines. Hoy en día vas un fin de semana, y hay miles de personas corriendo a cualquier hora, y decenas de grupos de patinadores y de otras actividades deportivas, con sus “monitores” correspondientes. Todo ello lo veo positivo. Y que surja negocio de entrenar a gente en cualquiera de esas actividades deportivas, no lo veo del todo mal, pese a que antes la gente entrenaba y realizaba dichas actividades, sin necesidad de pagar un monitor, sino que los más veteranos enseñaban a los nuevos sin pagos de por medio. Pero bueno, no lo veo mal, más allá de que muchos de estos monitores pueden no tener una formación mínima, y los que están bien formados, deben luchar contra mucho intrusismo. Tema que daría para otro debate a parte.

Del mismo modo veo con relativo buenos ojos, y ya centrándome en el mundo de las carreras populares, la multiplicación por casi infinito del número de carreras en el calendario. A mayor número de corredores, es lógico que se hayan multiplicado el número de eventos. El atleta o corredor, ha pasado de ser casi un bicho raro en la sociedad hace dos décadas, a casi lo contrario en la actualidad, en la que aquel que no ha corrido al menos una “San Silvestre” es casi señalado con el dedo.

Mario Mirabel (dorsal 4), en cabeza de la San Silvestre Salmantina 2015 | TheWangConnection

Organizadores, marcas deportivas, empresas de eventos, fotógrafos, e incluso las propias federaciones han pasado de no prestar la más mínima atención en el atletismo popular, a ser casi el principal foco en el que poner sus objetivos. Un cambio del blanco al negro, en muy poco tiempo, que sólo se entiende si se ve los números que mueve. Y es que eso de que correr es el deporte más barato, ha pasado a la historia.

Dentro de este famoso “boom” popular, dividiría dos tipologías de pruebas populares. Las que llevan en este mundillo desde antes de que el “running” se pusiera de moda, y las pruebas de nueva hornada, organizadas al calor del negocio que suponía. Dentro de las primeras, y aunque generalizar es siempre injusto, hay dos grandes grupos. Las que han tratado de mantener el espíritu tradicional de dichas pruebas, sin subir exponencialmente las cuotas de inscripción, ni multiplicar considerablemente el número de participantes (y que desde aquí aplaudo), y las que se han dejado llevar por la inercia de esta moda y han modificado lo que era su prueba, en otra cosa que nada tiene que ver con lo que fue en su día, priorizando el negocio frente a otros aspectos.

De las de nueva hornada, poco que decir, ya que la inmensa mayoría llegaron para hacer negocio, y por tanto el evento está enfocado para hacer dinero, o potenciar el nombre de una gran empresa, dando de nombre del evento su marca. Lo cual no me parece mal de por sí, siempre que se cuiden una serie de temas que yo considero básicos.

Y son estos puntos básicos, los que neófitos y veteranos en la organización de estas pruebas, deberían a mi modo de ver, cuidar si fuera posible, ya que cada vez nos encontramos con más problemas:

Salida San Silvestre Vallecana 2013

Precio

Empiezo con uno de los puntos mas delicados, y en el que no voy a profundizar mucho. Sé que todo evento privado, como de cualquier otro producto o servicio disponible en el mercado, tiene el derecho de marcar sus condiciones. El ya manido “a quien le parezca caro que no participe” al calor de los miles de populares que pasarán por el aro, está muy bien, pero creo que hay ciertos límites que no se deberían sobrepasar. Para los que hemos vivido el atletismo de hace más de una década, en donde muchas populares eran gratis o costaban un precio casi simbólico, es complicado entender que los precios se hayan multiplicado por 10, o incluso por 20. Evidentemente los eventos tienen una serie de costes, y existe una cosa llamada “inflación”, así como que se ofrece al corredor más servicios que antiguamente, pero creo que la inmensa mayoría de la gente preferiría un atletismo popular más ajustado en precio, y sin tanta camiseta o bolsa del corredor, que todos sabemos que poco aporta, y sí justifica a cara del neocorredor, el precio de la inscripción.

Fines solidarios

Nada más positivo puede tener un evento deportivo y de ocio, que el destinar buena parte de dichos fondos a un fin solidario. El problema viene cuando numerosas pruebas en el calendario, se les pone nombres solidarios para luchar contra fines muy loables, y luego se destina a dicho fin una cantidad testimonial. Al final no es muy difícil echar cuentas y ver que el nombre de la carrera solidaria, no es más que un mero reclamo de marketing para conseguir mayor número de inscritos y sacar más tajada. De hecho sale más barato poner a una carrera un nombre solidario, que ponerle un nombre normal y luego tratar de hacer campañas de marketing para atraer a corredores.

Creo que cuando el fin de una carrera es solidario, debe ser solidario y destinarse los fondos a dicho fin, salvo los que sean para costes directos y “reales” organizativos. Y es que cuando esto del running no estaba de moda, curiosamente no existían carreras solidarias, y ahora de repente hay centenares de ellas. Que haya es estupendo, pero por favor, un mínimo de ética.

Grupo de cabeza de la San Silvestre de León | Jesús Amigo-TheWangConnection

2, 3 ó 4 carreras en una sola

Otra de las consecuencias del boom, es que ahora tanto las nuevas pruebas, como las más tradicionales, y al calor de conseguir el mayor número de inscripciones en una carrera, transforman lo que era una competición en varias a la vez. Lo que antes era una carrera de 10kms, ahora lo es de 10 y de 5 a la vez. Las media maratones, ahora son también un 10.000, y en el caso de las maratones como el tradicional MAPOMA, ahora es maratón, media maratón y 10.000.

A priori, y si todo se cuida al detalle, no es un problema mucho más allá de desvirtuar la carrera que da nombre a la prueba. Considero que hoy en día hay suficientes eventos incluso cada fin de semana, para que la gente elija la distancia que quiere correr, y si una prueba es una media maratón, pues poner foco y dar importancia a dicha prueba, y mantener la personalidad. El crear 2-3-4 pruebas en una misma no termino de verle el sentido, salvo que ya no importe ni la propia prueba en sí, sino sólo el dinero que se puede hacer.

Para mí quizás sea uno de los puntos que más me molesta de todos los que voy a comentar, porque he visto que a raíz de realizar varias carreras en una, los errores organizativos se han ido multiplicando hasta llegar al absurdo. El problema real, viene cuando no hay medios suficientes, o no se quieren poner, para que este sinsentido de pruebas simultáneas, no induzcan en errores. Errores que llevo varios años viviendo y viendo en carreras que no he corrido, de distintos colores, sobre todo cuando la salida de todas esas pruebas se hace de forma simultánea.

Errores que se traducen en que en todas esas carreras, con salida conjunta de distintas pruebas, al final existen atletas que se equivocan de circuito, clasificaciones con errores varios cuando es un circuito de varias vueltas, ganadores de la prueba que da nombre al evento que entran en meta sin que la organización se dé cuenta (porque entran junto a los de la prueba corta y han sido doblados), atletas que no saben contra quien están disputando la prueba, y un largo etcétera de situaciones que a la postre son imposibles de dar solución, desvirtúan el resultado, alteran lo que es la competición en sí, y todo al calor de sacar más inscripciones, y amparándose con un argumentario estudiado, al decir que es para ese 1% de atletas inexpertos pueda decidir si prefiere correr mayor o menor distancia sobre la marcha, y para ello se pone en jaque la disputa de la prueba, la clasificación real de la prueba, y la propia seriedad del evento.

En definitiva, toda carrera, como carrera que es debería tener garantizada que podrá ser disputada de forma justa y sin incertidumbres sobre quien corre qué, sin errores de trazado, ni confusiones en la entrada de meta sobre quien está entrando en una u otra prueba (cuando son atletas doblados). Lo ideal como digo sería que si una prueba es un 10.000 sea eso, un 10.000. No hace falta que haya varias carreras en una para que la prueba sea un éxito, si las cosas se hacen bien. Y pongo como ejemplo los 10kms de Laredo. Una prueba querida, de éxito incuestionable, y que no cae en crear a su vez una prueba de 5kms.

Y para las que aún así decidan hacer dos o más carreras en una, intentar hacer salidas separadas (como bien ha hecho este año la San Silvestre de las Rozas), y así no haya dudas para los atletas, ni errores de recorrido. Y si son varias pruebas con salida conjunta, que es el peor de los escenarios, que el atleta decida al inscribirse, cual correrá, y sea fácilmente distinguible en los dorsales. En definitiva, que la carrera sea eso, una carrera, y una vez asegurado eso, ya le vamos añadiendo cosas. Si no tiene sentido ver unos mundiales de 10.000 y 5.000 metros lisos con salida conjunta, y sin distinción de dorsales, una popular por menor nivel que este evento tenga, tampoco tiene sentido, ni es justo para sus participantes.

Salida a una de las carreras de los peques. 2014 | Carrera Feria Mijas

Cortes de tráfico y recorrido

Quizás este punto no es tanto un error actual, sino que se ha producido desde siempre, aunque se ha repetido más a menudo sobre todo por lo comentado en el punto anterior. Cada vez es más común escuchar a atletas que se han equivocado de trazado, ya que en los cruces no había nadie indicando, o el que guiaba a los primeros clasificados en una bici se equivocaba en la ruta, y situaciones varias.

Así mismo son numerosos los altercados por zonas del recorrido que no están debidamente cortados al tráfico, hasta el punto de producirse algún pequeño atropello. Creo que es un punto básico, que se garantice tanto la seguridad de los corredores, en lo que al tráfico se refiere, como que se analicen cada uno de los cruces en el recorrido y si este estará debidamente indicado con vallas, o con personal de la organización.

Fotógrafos y derivados

Sin duda cada vez son más los que al calor de este boom hacen negocio de una u otra forma. Todo bien, siempre y cuando haya una serie de límites. Ya en el mundo del ciclismo se han visto muchas veces caídas de gente que se pone a hacer fotos en el trazado de la carrera. En el atletismo la velocidad es mucho más baja, pero no es la primera vez que tengo un susto por culpa de estos fotógrafos que venden fotos a corredores, y que ya se colocan en cualquier sitio. Pongo por ejemplo lo sucedido el 31 de diciembre de 2015 en Las Rozas. Una persona unos metros antes de la salida, en mitad del circuito haciendo fotos o video con una reflex. Era raro verle allí plantado, pero no es la primera vez que alguno apura en el sprint de la salida para hacer fotos en mitad, y luego se quita en el último segundo. Este hombre en concreto, lejos de “apurar” el paso del sprint, con el riesgo que ya supone, fue un punto más allá, quedándose en medio en plena salida, supongo por que pensó en hacer novedosas tomas mientras los atletas pasábamos por ambos lados de él al sprint. Ni que decir tiene que en toda carrera la salida es el momento mas peligroso. Son muchos atletas saliendo rápido y todos muy juntos, casi sin ver lo que se tiene delante. Lo último que te puedes esperar es que alguien tenga la idea feliz de quedarse en medio y quieto 20 metros por delante de la salida. En este caso y de milagro todos pudimos esquivarle sin que hubiera caídas, pero sería de agradecer que la organización estuviera al quite sobre todo en la salida de este tipo de personas que se ponen en mitad de trazado, y sobre todo pedir a los que se dedican a este tipo de actividades, que piensen un poco en las consecuencias de colocarse en el interior del circuito. (Foto del ejemplo puesto, con el fotógrafo en mitad de la salida, por no hablar del espontáneo de verde de la derecha que se incorporó pasado el arco de meta, sin dorsal y por delante del pelotón):

La comitiva real cruza la meta de la San Silvestre Salmantina

Libertad de indumentaria

Al igual que comentaba antes con el tema del precio, todo evento deportivo es libre de poner sus normas, pero creo que para identificar a un atleta el sistema tradicional del dorsal y actualmente el chip, es más que suficiente para controlar quien está inscrito y quien no, así como registrar tiempos de paso. Condicionar la participación en una carrera a tener que llevar una ropa de forma obligatoria, con la excusa de que dicha prenda es dorsal a su vez, creo que es sobrepasar una línea difícil de entender. El marketing está fenomenal, e incluso puedo entender que se ofrezca como principal opción por defecto, pero nunca debería ser un condicionante para poder participar en una carrera. Y si se sobrepasa esta línea, creo que debería dejar de llamarse carrera, para proceder a llamarla “fiesta de disfraces” o cualquier otra cosa. Toda organización de un evento de atletismo, si realmente mira por el atletismo y por el atleta, debería tener ese respeto al corredor que al final es el protagonista y con el que hace negocio.

Salidas por cajones en pruebas con muchos participantes

Es un tema que hasta hace no mucho quizás no era del todo importante. Antes quien más quien menos, si se apuntaba a una carrera, sabía dónde debía ubicarse en función del nivel de la prueba y de su nivel deportivo en dicho momento. Siempre ha habido quien quería salir delante pese a que luego quedaría de la mitad del pelotón para atrás, pero no era mayor problema, al ser casos puntuales.

Con la llegada de la masificación de inscritos en las carreras populares, y de mucho corredor que no sabe realmente donde se está metiendo, se dan cada vez más situaciones en las que se ven en primerísima línea de salida de pruebas con miles de participantes, y en las que el ritmo de salida es rápido, a niños de 10-12 años, o personas mayores o entradas en kilos, que lógicamente no sólo no disputarán la carrera, si no que no van a ser capaces de realizar una salida lo suficientemente rápida para no hacer peligrar tanto su integridad, como la de los corredores que saldrán justo detrás de ellos a un ritmo inicial muy superior al suyo.  En la reciente carrera del BBVA, por poner un ejemplo cercano y propio, en pleno Paseo de la Castellana y con miles de inscritos me encontré en primera línea con una de estas personas y algún niño (hijo?) con ella y al indicarle el peligro que corrían los pequeños de salir en primera línea, poco menos que se ofendió, diciéndome que ellos siempre se van a poner los primeros en cualquier carrera a la que vayan. Persona que antes del km 1, ya iba andando tras darse la salida, ya que lógicamente se veía que no estaba en un estado de forma ni para completar la carrera a un simple trote.

Vista de pájaro de la Media Maratón de Valencia 2013

Por tanto, como pedir sensatez a tanta gente profana en la materia es un claro imposible, creo que por la propia seguridad de los corredores, debería hacerse lo que cada vez es más común en pruebas con muchos participantes, creando al menos 2 ó 3 cajones en función de las marcas de los participantes, o en su defecto que los organizadores, intenten controlar mínimamente antes de dar la salida, si hay algún participante (niños principalmente) que pudiera estar en peligro por salir delante y a su vez estar poniendo ellos en peligro a otros participantes.

Quizás me deje en el tintero algunos aspectos. Podrá parecer que sólo veo puntos negativos o que me centro mucho en temas propios de la competición en sí y no tanto de “la fiesta” del evento, pero no es así. Al revés, me encantan las populares, aunque siempre he seleccionado muy bien las que corro, y he preferido no prodigarme en ellas corriendo cada fin de semana al “tuntun”. Por eso lanzo esta pequeña lista de puntos a mejorar. Insisto en que me gusta ver a tanta gente haciendo deporte, pero ante todo estos eventos deportivos,son carreras, y deberían asegurarse de cumplir esa serie de puntos que garanticen, (y procedo a resumir), un precio acorde a los tiempos y a lo que se ofrece, una ética mínima, seguridad a los deportistas, que no haya errores de bulto en clasificaciones por intentar realizar muchas pruebas en una sola, y que se pueda disputar la misma de una forma coherente y justa para los que pretenden disputarla o simplemente buscar sus propios límites, así como garantizar la libertad básica de cualquier corredor de correr con la indumentaria deportiva que prefiera. En definitiva, que las carreras se adapten a los nuevos tiempos, pero sigan siendo carreras y no romerías ni circos. Y cuando se prefiera lo segundo, pues que se les cambie el nombre por otro distinto al de carrera popular.

Sé que estas reflexiones caerán en saco roto, pero aquí las dejo y agradeceré cualquier comentario, a favor o en contra, ya que evidentemente, este no es más que mi humilde punto de vista.

Gracias por leer hasta el final.

Un saludo.

Óscar del Barrio

LAS FLEQUIS


Las Flequis un artículo de Antonio Burgos

Enrique Montiel, almirante de las letras andaluzas que tiene su buque-insignia amarrado a un noray de plata quieta de la Caleta en la Real Isla de León, vulgo San Fernando, aparte de exégeta de su paisano Camarón, del que ha escrito una biografía sobrada de compás, tiene la gracia de la Bahía para poner nombre a las cosas. Esos Adanes gaditanos que en su paraíso de la marea vacía con luna llena clavan la realidad con una palabra. Y Montiel le tiene puesto nombre certero a mi querido y leído Pepe Oneto, con quien en compañía de mi compadre Alfonso Ussía he echado los mejores ratos en los mangazos de viajes internacionales que le pegábamos a la Philip Morris de Tito Hombravella, ora en el Moscú donde la momia de Lenin tembló al ver la corbata de Carrascal y donde por cinco dólares le compró el gorro con la estrella roja a un guardia de su tumba; ora en la República Sudafricana, donde descubrimos que el Príncipe Mangosuthu Buthelezi vestía de Pepe Marchena, cruzado con Porrinas de Badajoz y con Jesús Aguirre.

Montiel, con todo cariño, como el que yo le tengo, llama "El Flequi de la Isla" a Pepe Oneto. ¡Bingo en la denominación de origen! Desde que se retiró El Cordobés y, con la coleta, se cortó también el apéndice capilar que le caía sobre la frente, no ha habido en España flequillo más famoso que el de Pepe Oneto. Cumple las mismas funciones que la histórica ensaimada capilar de Anasagasti. Pero lo siento mucho, Pepe: ya eres el príncipe destronado del Flequillo de España. ¿Tú has visto el uniformado flequillo de las tías que han mandado a por tabaco a Arturo Mas, a las dirigentes de la CUP separatista catalana? ¡Esos sí que son flequillos, y que se quiten El Cordobés y Oneto! Al igual que a las pelorratas proetarras de Bildu les dicen genéricamente "Las Nekanes", estoy por sacar de pila como "Las Flequis" a estas horrrosas nekanes de la CUP, que aunque ronean de separatistas han prestado a España el impagable servicio de mandar a Mas a tomar por saco y de parar de momento "el procés", que es como le dicen ahora a lo que antes era soberanismo, luego derecho a decidir y más tarde autodeterminación de los encubridores del 3 por ciento y de Los Siete Niños de Pujol, su puñetero padre y esa madre que parece talmente la Seisdedos, sólo que sin ladrillo dentro del bolso para endiñarle al que va vestido de arlequín.

Y yo me pregunto, Montiel, Oneto, queridos e ilustres hijos de la Real Isla de León: ¿por qué las tiorras separatistas, ora vascongadas, ora catalanas, ora de Bildu, ora de CUP, han de ser tan feas? ¿Por qué van todas a peluqueros centralistas y españolistas, que se vengan de sus ideas separatistas haciéndoles esos peinados mortales de necesidad, de pelorratas a las Nekanes, con flequillos cortados con tiralíneas o con minipímer, como de Colón en su estatua de las Ramblas, a Las Flequis de la CUP? Yo, que soy monárquico por razones estéticas, por las mismas razones me repugna el separatismo, amor a la Patria aparte. ¿Por qué tiene que pedir la separación de Cataluña un tío tan feo como Junqueras? ¿Por qué los de ERC tienen que usar esas camisas negras mussolinianas, que las ves por la tele y te tira para atrás su olor a sudorina, del tiempo que hace que no se la cambian? Y cuando hay uno que va de guapito de cara, como de anuncio de loción para después del afeitado, cual Arturo Mas, vienen Las Flequis y lo mandan a la mismísima Venta del Nabo. A su lado, Las Supremas de Móstoles son Miss España. A su lado, las tres fulimandús de can-can de Toulouse-Lautrec o de "saloon" del Far West que han hecho de magas republicanas en Valencia, son Miss Universo y Miss Mundo en una sola pieza. En tiempos del Cardenal Segura se decía que las había "feas, feìsimas y de Acción Católica". Ahora las hay "feas, feísimas, nekanes pelorratas y Flequis de la CUP". No es que quieran separarse de España: es que quieren que las echemos. Por horrorosas y antiestéticas.

DE COMO GALICIA SE CONVIRTIÓ EN POBRE MIENTRAS CATALUÑA SE HIZO RICA.


Por descubrir algunas verdades ocultas de forma intencionada, este artículo de Luis Ventoso en ABC merecería ser distribuido como lectura obligatoria en las escuelas de esta país, porque esto es historia real, no inventada, estos son los privilegios de Cataluña frente al resto de los españoles, esta es parte de la historia sobre cómo Cataluña creció a costa del resto de España.

LUIS VENTOSO ABC 11/02/2014

La memoria es corta. Tendemos a interpretar el pasado filtrándolo por el tamiz de lo que vemos en el tiempo presente. Si en una charla de cafetería preguntásemos cuál de estas dos regiones, Cataluña o Galicia, contaba con más población en el siglo XVIII, indudablemente la mayoría de los parroquianos nos dirían que Cataluña, pues hoy la comunidad mediterránea aventaja a la atlántica en 4,8 millones de habitantes. Sin embargo, lo cierto es que en 1787 Galicia tenía más población que Cataluña: 1,3 millones de gallegos frente a 802.000 catalanes. Los saludables datos demográficos del confín finisterrano eran además un síntoma de pujanza. En el siglo XVIII algunos pensadores ilustrados presentaban a Galicia ante otros pueblos de España como un ejemplo de sociedad bien articulada económicamente.

Bendecida por un clima templado y con generosos dones naturales, ya bien conocidos desde los romanos, buenos amigos de su oro y su godello, entre 1591 y 1752 se estima que Galicia duplicó su población. Su éxito se basaba en una agricultura autosuficiente, que recibió un empujón formidable con la perfecta y temprana aclimatación del maíz a los valles atlánticos. Pero había más. Una primaria industria popular, cuyo mejor ejemplo era el lino. Y también, claro, los recursos de las salazones de pescado, donde tanto ayudaron empresarios catalanes; la minería, las exportaciones ganaderas, el comercio de sus puertos… Todo ese edificio gallego, tan perfectamente ensamblado durante siglos y triunfal en el XVIII, entrará en crisis súbitamente en el XIX y se vendrá abajo. Fue un colapso de naturaleza maltusiana (Galicia se torna incapaz de atender las necesidades que genera su bum demográfico) y da lugar a un éxodo de magnitudes trágicas: desde finales del siglo XVIII hasta los años 70 del siglo pasado se calcula que un millón y medio de personas huyeron de la miseria de Galicia. Buenos Aires fue durante largo tiempo la segunda ciudad con más gallegos y ese gentilicio todavía es allí sinónimo de español.

¿Por qué se hunde Galicia en el siglo XIX? Porque decisiones políticas externas voltean su modo de vida tradicional. La apuesta por la industria del algodón mediterránea, que será protegida con reiterados aranceles por parte del Gobierno de España, arruina la mayor empresa de Galicia, la del lino. Los nuevos impuestos del Estado liberal, que sustituyen a los eclesiásticos, obligan al campesinado a pagar en líquido, en vez de en especie, y lo acogotan. Aislado del milagro del ferrocarril, el Noroeste languidece, lejano, ajeno a los nuevos focos fabriles, establecidos en Cataluña, con su monopolio de la industria del algodón, y en el País Vasco, cuya siderurgia pasa a ser también protegida como empresa de interés nacional.

Stendhal ante el proteccionismo

El declive de Galicia en el XIX coincide con el espectacular ascenso de Cataluña, debido al ingenio y laboriosidad de su empresariado y a su condición de puerta con Francia. Pero hubo algo más. En su Diario de un Turista, de 1839, Stendhal, el maestro de la novela realista, recoge con la perspicacia propia de su talento sus impresiones tras un viaje de Perpiñán a Barcelona: «Los catalanes quieren leyes justas –anota–, a excepción de la ley de aduana, que debe ser hecha a su medida. Quieren que cada español que necesite algodón pague cuatro francos la vara, por el hecho de que Cataluña está en el mundo. El español de Granada, de Málaga o de La Coruña no puede comprar paños de algodón ingleses, que son excelentes, y que cuestan un franco la vara».

Stendhal, que amén de escritor era también un ducho conocedor de la administración napoleónica, para la que había trabajado, capta al instante la anomalía: el arancel proteccionista, implantado por los gobiernos de España en atención a la perpetua queja –y excelente diplomacia– catalana, ha convertido al resto de España en un mercado cautivo del textil catalán, cuando es notorio que es más caro y peor que el inglés. Un premio colosal, pues no había entonces industria más importante que la del algodón, que será pronto matriz de otras, como la química. Esa descompensación primigenia, el arancel, reescribe toda la historia económica de España. A partir de esa discriminación positiva inicial, que le permite arrancar con ventaja frente a las otras comunidades, pues España era un páramo industrial, Cataluña va acumulando más y más espaldarazos por parte del Estado. Aunque también hay que ensalzar el ímpetu y la capacidad de la burguesía catalana.

Cataluña, siempre lo primero

La primera línea férrea de España es la Barcelona-Mataró, en 1848. Galicia contará con su primer tren en 1885, ¡37 años después!

La primera empresa de producción y distribución de fluido eléctrico a los consumidores se creó en Barcelona, en 1881, se llamaba, y es significativo, Sociedad Española de Electricidad.

La primera ciudad española con alumbrado eléctrico fue Gerona, en 1886. La teoría del agravio a Cataluña no se sostiene.

De hecho, el resto de España todavía aportará algo más: mano de obra masiva y barata para atender a la única industria que existía, la catalana (salvo el oasis de Vizcaya).

En el siglo XX llegaran más ventajas competitivas para Cataluña. En 1943, Franco establece por decreto que solo Barcelona y Valencia podrán realizar ferias de muestras internacionales. Ese monopolio durará 36 años. Fue abolido en 1979 y solo entonces podrá crear Madrid su feria, la hoy triunfal Ifema.

Catalanas son las primeras autopistas que se construyen en España (Galicia completó su conexión con la Meseta en el 2001 y la unión con Asturias se culminó hace dos semanas).

La fábrica de Seat, la única marca de coches española, se lleva a Barcelona.

Otro hito son los Juegos Olímpicos del 92, un plató de eco universal, conseguido, concebido y sufragado como proyecto de Estado (o acaso cree alguien que aquello se logró y se costeó solo por obra y gracia del Ayuntamiento de Barcelona y el gracejo de Maragall).

En los años noventa se completará la entrega a empresas catalanas del sector estratégico de la energía, un opíparo negocio inscrito en un marco regulado:

En 1994, el Gobierno de Felipe González vendió Enagás, monopolio de facto de la red de transporte de gas en España, a la gasera catalana, por un precio inferior en un 58% a su valor en libros.

Repsol, nuestra única petrolera, también pasará a manos catalanas.

Los modelos de financiación autonómica se harán siempre a petición y atención de Cataluña.

También es privilegiada en las inversiones de Fomento y se le permite aprobar un estatuto anticonstitucional que establece algo tan insólito como que la instancia inferior, Cataluña, fije obligaciones de gasto a la superior, España.

Todas las capitales catalanas están conectadas por AVE en la primera década del siglo XXI, mientras que la línea a Galicia todavía no tiene fecha cierta y los próceres de CiU presionan que no se construya.

Retroceso con la libertad

Cuando llegan las libertades económicas y se evaporan los aranceles y los monopolios, España logra crear, contra todo pronóstico, la mayor multinacional textil del planeta, Inditex. Resulta harto revelador que la compañía nazca en La Coruña, en el confín atlántico, y no en la comunidad que durante un siglo largo disfrutó del monopolio del algodón y el textil. Lo mismo sucede con las ferias de muestras de Barcelona y Madrid.

En realidad la libertad económica, unida al ensimismamiento nacionalista, sienta mal a Cataluña, acostumbrada a competir apoyada en la muleta del Estado intervencionista. Según la serie histórica de desarrollo regional de Julio Alcaide para BBVA, en 1930 la primera comunidad en PIB por habitante era el País Vasco y la segunda, Cataluña; Galicia se perdía en el puesto quince. En el año 2000 Baleares era la primera; Madrid, la segunda; Navarra, la tercera, Cataluña caía al cuarto lugar; y el País Vasco, al sexto; por su parte Galicia recortaba varios puestos.

Las sorpresas del siglo XXI

El corolario de esta historia es que hoy Galicia coloca sus bonos y presenta unas cuentas saneadas, mientras que Cataluña vuelve a estar sostenida por el Estado, pues su deuda padece la calificación de bono basura y se ha quedado fuera de mercado.

Galicia ha vadeado el sarampión nacionalista (Fraga fue un disperso presidente regional, pues su gobernanza era un atolondrado ir de aquí para allá sin proyectos claros, pero tuvo una idea genialoide: ocupó el espacio del nacionalismo, creando un galleguismo sentimental e intrusivo, pero imbricado en España).

Los gallegos saben que si un café vale 1,20 euros en Tui y 90 céntimos al otro lado del río, en Valença do Minho (Portugal) es porque formar parte de España reporta un mayor nivel de vida, y asumen que ese plus es lo que hace viable a Galicia.

Por el contrario Cataluña, desconcertada al verse obligada a competir en el mercado abierto, desangradas sus arcas por la entelequia identitaria, se deja embaucar por los cantos de sirena de la independencia, inculcada sin descanso por el aparato de poder nacionalista, con técnicas de propaganda de trazas goebbelianas.

España es una buena idea. La libertad, también. Y a veces, como ahora, libertad y España son sinónimos.