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lunes, 30 de noviembre de 2015

LA VERGÜENZA DE UN EX-GENERAL


A la Atención del Ex-Excmo. Sr. D. José Julio Rodríguez Fernández.

Mi Ex-general,

Me arrogo, sin autorización previa y posiblemente sin derecho alguno, la porta-vocía de algunos miembros de nuestras entrañables fuerzas armadas a los que por amistad o lazos de sangre profeso especial admiración y cariño.

Mi Ex-general, como ninguno de ellos, por su ilimitado sentido del deber, respeto al mando y lealtad extrema le van a decir lo que piensan, se va a librar usted de humillación y escarnio público que se merece.

Posiblemente haya usted llevado una ¿carrera militar brillante?, haya sido un piloto de caza y combate teóricamente competente ya que, gracias a Dios, no ha tenido que demostrar en misiones de fuego real su publicitada pericia. Estoy seguro de que llegado el momento ha sido usted capaz de arrastrarse miserablemente ante políticos de tres al cuarto para culminar su carrera militar en activo como mozo de compañía, chaperones les llaman en Hispano-América, de una ministra socialista acapaz.

Mirándole a la cara se atisba un alma negra, una decencia y una lealtad al servicio del mejor postor. Aquella escena suya que con uniforme de, ni más ni menos,  General de nuestras Fuerzas Armadas, se arrastraba cual calzonazos, portando el bolsito de mano de una ministra de Defensa, complaciente por tener subyugada a la cabeza de nuestras FFAA, ya nos adelantaba de que pasta estaba usted hecho.

Mi Ex-general, su último empleo en activo fue de Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) con el rango de General. Su divisa, una espada como símbolo de la fuerza y un bastón como muestra de mando cruzados en señal del mando sobre la fuerza son completados con cuatro estrellas de cuatro puntas y todo ello bajo una corona real en señal de lealtad a nuestro Rey y que en su caso, como Capitán General de las FFAA es, además, el Jefe Supremo de los Ejércitos. Cuando se levanta por las mañana y mira su guerrera, ¿qué le dice?.

Mi Ex-general, estaba usted en la reserva que no en el retiro. Si no estoy equivocado usted seguía siendo militar y por ello tenía el deber, aunque posiblemente no legal, si moral, de mantener una escrupulosa neutralidad política por su respeto a las leyes y defensa de la integridad de la Patria y la seguridad de todos los españoles. Despreciable.

Llegado este momento, usted guiado por sabe Dios qué razones inconfesables, decide ciscarse en todos sus compañeros, sus compatriotas, los juramentos que por su honor, en su día, pronunció y en definitiva, en todo aquello que de forma torticera y engañosa, juró defender y así se lo exigió a sus tropas durante muchos años. Detestable.

Supongo que en el ánimo de hacer el mayor daño posible y aunque es usted de origen gallego, decide presentarse a las elecciones, encabezando la lista de PODEMOS por la circunscripción de Zaragoza, plaza emblemática para nuestras Fuerzas Armadas. Lamentable.

Decide usted, mi Ex-general, entrar en política y lo hace con aquellos que no han podido ser más ruines, traidores y contrarios a lo que usted dice haber defendido.

Defiende causa con los que asesinan a sus compatriotas y acude a las elecciones amparando a Bildu en Navarra, con los que a toda costa
esperan acabar con la Corona e instaurar una república marxista, con los que consideran nuestra enseña nacional un trapillo y los acordes
de nuestra Marcha Real una musiquilla folclórica, con aquellos que consideran que la ruptura de España es algo discutible y negociable.
Miserable.

Sr. Rodríguez Fernández, así supongo le llamaran sus correligionarios, espero que se arranque con deshonor la divisa de la bocamanga a la que ha ofendido profundamente. Le deseo que en esta vida o en el más allá le pasen generosa factura a sus traiciones. Llegado este momento, posiblemente si le queda algo de dignidad, debería pensar en la posibilidad de poner entre sus dientes la bocacha de un Cetme.

Emilio Recuenco es Tte. Gral. del EA. Fue jefe del MALOG y tiene 90 años.

domingo, 15 de noviembre de 2015

CUANDO SUBAS A FACEBOOK UNA VELITA POR LOS MUERTOS DE PARÍS, SUBE OTRA POR TI


Ignacio Camacho en ABC

En enero, recuerdas, eras «Charlie Hebdo». Eso pusiste en las redes sociales: je suis Charlie. Pero no, tú no eras Charlie. Porque tú estabas vivo y Charlie, los charlies, estaban muertos, como los guardias y los judíos del supermercado de los que nadie se acordó en la solidaridad plañidera del pensamiento débil. Muertos como los del viernes, tirados en la calle mientras tú corrías a cambiar la foto del perfil de Twitter y de Facebook. ¿Y ahora qué nombre vas a poner? ¿Bernard, Marion, Lucien, Françoise, Phillipe? Tienes 130, elige. Ah, bien, je suis Paris, qué hermoso; qué bonita esa torre Eiffel enmarcada en el símbolo hippie de la paz. Sólo que no estamos en paz. Y que tú tampoco eres París.

Tú eres el que ayer por la mañana, la luminosa mañana de este cálido noviembre, hacías jogging en el Retiro. La que se compraba un bolso y unos zapatos en la Gran Vía. La que paseaba el perrito por la plaza soleada. El que se iba a comer con la familia en el chalé de los suegros. La que se quedó viendo el programa de telebasura en la noche de la masacre. Tú eres uno cualquiera de los que se sentían, nos sentíamos, provisionalmente a salvo. Uno de los que descargaron su conciencia con una frase bonita en internet, amor y fraternidad, #portesouvertes, justo cuando allá en París la Policía ordenaba, pistola en mano, cerrar las ventanas.

Qué vas a ser París. París es esa ciudad donde la gente salió del estadio evacuado cantando el himno nacional, el que aquí abucheamos. París es esa ciudad donde los periódicos hablan de guerra sin tapujos, y donde el presidente socialista promete una respuesta sin piedad, «impitoyable». París es la capital de un país que considera su libertad y sus valores algo mucho más importante que su miedo.

Y tú... tú eres parte de un pueblo que hace once años, en una situación similar, en unos días iguales de sangre y plomo, se amedrentó y echó la culpa a su propio Gobierno. Que duda de su modelo de sociedad y todavía hoy piensa que si nos vienen a matar es porque algo habremos hecho. Que no ha aprendido, basta ver cómo olvida a las víctimas, de su larga experiencia de sufrimiento. Tú eres un superviviente del terrorismo, pero no lo sabes porque te cuesta pensar que los asesinados murieron en tu nombre. Porque prefieres creer que basta con no odiar para defenderte del odio.

Ese bonito emblema de la torre Eiffel no te va a proteger. Ni el pacifismo samaritano, ni las palabras emotivas, ni las cadenas de cibermensajes, ni el ritual de las firmas, las velas y las flores. Vienen a por nosotros, jesuis, y más vale que te vayas enterando. Te diré lo que eres: la próxima potencial víctima. Así que cuando subas a Facebook una velita por los muertos de París, sube otra por ti. Y acuérdate de por quién doblaban las campanas de Hemingway.


lunes, 2 de noviembre de 2015

EL "SORPASSO".


En los últimos tiempos se ha multiplicado el empleo de la exótica voz sorpasso en las informaciones y crónicas sobre asuntos políticos. Parece que quien lo introdujo en España fue Julio Anguita, que en los años ochenta y noventa del siglo pasado desarrolló la teoría del sorpasso.

Hoy vuelve a hablarse de un posible sorpasso de IU al PSOE, y por primera vez del sorpasso de AGE al PSdeG. No se trata, en contra de lo que puedan creer algunos («Si IU fuera capaz de darle el sorpasso al PSOE…»), de un andalucismo por  ‘zarpazo’, ‘sopapo’ o ‘golpe por sorpresa’. Sorpasso es un sustantivo italiano que significa ‘adelantamiento’ [de un vehículo a otro]: «La Scuderia occupa il secondo posto nella graduatoria dei sorpassi effettuati, solo uno in meno della Lotus».

A partir de ahí se aplica con el sentido de ‘superación’ [de un adversario en una clasificación o en una contienda política].

En Italia se usaba en la segunda mitad del siglo pasado para aludir a una hipotética victoria electoral del Partido Comunista Italiano que le permitiría ocupar el puesto de la Democracia Cristiana en el Gobierno. Nunca se produjo. Pero vieron un sorpasso cuando el PIB español llegó a superar al italiano.

En la mente de los italianos, Il sorpasso será para siempre una amarga comedia de Dino Risi rodada en 1962 y estrenada en España con el título de La escapada. Esta, la escapada, es la de un fin de semana de los personajes que encarnan Vittorio Gassman y Jean-Louis Trintignant, el primero un gamberro maduro, un vividor que conduce un Lancia deportivo. El segundo es un tímido estudiante al que le acaba gustando la fiesta pero que no va a poder disfrutarla mucho de ella.

Solo un diccionario español, el Clave, se hace eco del italianismo sorpasso, que define así: «En política, fenómeno por el que, en unas elecciones, un grupo político supera sobradamente a otro». Pero el español tiene recursos suficientes para hacer innecesario el empleo de sorpasso.

Es recomendable, sin embargo, ver, o volver a ver, la película de Risi y, si pasan por Ferrara, ir a comer a Il Sorpasso, una trattoria donde es ineludible un plato de tagliatelle al Sorpasso.

Que aproveche.