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miércoles, 12 de junio de 2013

SUBMARINO S-80.- NAVANTIA-CARTAGENA.


Mensajes de un Ingeniero Naval

"Cuando fui destinado a la inspección de Cartagena, tuve el orgullo de pertenecer a una generación de ingenieros, para los cuales el peso de los buques era algo sagrado y se controlaba con un cuidado extremo. Unos cuantos años después y en el programa más crítico en cuanto al peso, el S-80, han metido la pata de esta manera.

Se han olvidado con tanto sensor y sistema de combate de que Arquímedes no perdona y de que los problemas de arquitectura naval son los mas difíciles de solucionar a posteriori.

Cuando se descapitaliza la inteligencia y la experiencia, como se ha hecho en Navantia con tanta ligereza en los últimos años, todo es posible, y estamos ante un buque de los más avanzados del mundo..., pero que tiene problemas de flotabilidad.

El prestigio logrado por la Ingeniería Naval española con tanto esfuerzo y costo, se pierde en un instante cuando decisiones estratégicas sobre personal se toman en función de lo que le venga bien a la empresa o sindicatos, no al producto. La Armada también es responsable.
Veremos las soluciones."

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 Algo más -¡interesante!- que me llega por otra vía en relación con este asunto.

""El Jefe de la ICO de Cartagena es Químico de titulación académica, poco sabrá de Ingeniería Naval.

El Jefe de Programa en la DIC nunca estuvo embarcado en un buque de estas características, y tampoco el anterior. El propio DIC actual pasó de CF a VA en el corto plazo de dos años y medio, cosa sorprendente, debe ser un semidios al estilo de Hércules. Cuando fue Jefe del Programa de Cazaminas no brilló especialmente por su desempeño.

¿Qué quiero decir? Todos ellos fueron elegidos para un fin: no estorbar al equipo de ingeniería de Navantia. Si estuviéramos hablando de un crimen deberíamos buscar al "mayordomo beneficiado por el testamento".

La ejecución de este Programa ha sido un despropósito desde el origen. Todo lo dedicado a I+D+i se ha ido por el sumidero de la corrupción. Y todos en la JAL lo sabían desde el principio. Creo que algunos "máximos Jefes" de la Armada desde 2005 deberían pasar por los tribunales. Así de claro y así de duro.

A mayor abundamiento se puede comparar con el Programa "Dolphin" de la Armada israelí. SEIS submarino Dolphin, de máxima tecnología, muy superior al S-80, les costará a los ciudadanos de Israel tan sólo unos 1.750 M€.

Véase http://www.infodefensa.com/?noticia=alemania-entrega-a-israel-la-que-sera-la-pieza-mas-cara-de-su-equipamiento-militar

Los 4 Serie 80, si es que llegan a hacerse, nos habrán costado cerca de 3.000 M€.

¡Qué rica es la pólvora del rey!.

Submarino S80, simulación

Un submarino con sobrepeso

- Al ‘Isaac Peral’ le sobran al menos 75 toneladas por errores de cálculo
- La entrega del S-81 se retrasa hasta dos años y aumenta su precio
- La Armada busca 30 millones para prolongar la vida del S-74 ‘Tramontana’

MIGUEL GONZÁLEZ 
Madrid 8 MAY 2013

Al Isaac Peral (S-81), el primer submarino de la nueva serie S-80 encargada por la Armada española al astillero público Navantia, le sobran entre 75 y 100 toneladas. Nadie lo dice con precisión, pues nadie lo ha pesado.

Este sobrepeso puede no parecer excesivo si se compara con sus 2.200 toneladas de desplazamiento en superficie y 2.430 en inmersión. Pero unas toneladas de más pueden comprometer la llamada reserva de flotabilidad, que permite a un submarino sumergirse, emerger y navegar; llenando y vaciando tanques. En otras palabras, el primer submarino de diseño español tiene un serio problema.

Navantia ha reconocido la existencia de “desviaciones relacionadas con el balance de pesos” —adelantadas por La Verdad de Murcia— y ha estimado que la evaluación del problema y su corrección supondrán un retraso de entre 12 y 24 meses en la fecha de entrega del buque. Es decir, que el Isaac Peral no estará en manos de la Armada en marzo de 2015, como estaba previsto, sino en 2016 o 2017.

Defensa asegura que “se está estudiando el alcance del problema para determinar su impacto en términos de tiempo y dinero”, pero no quiere pronunciarse, alegando que “se barajan distintas alternativas”.

Todas pasan por alargar el casco, prolongar sus 71 metros de eslora. Es decir, no se trata de adelgazar el submarino, sino de crecer para reequilibrar el peso. Pero no es lo mismo agregarle algún anillo suplementario que rediseñarlo por completo.

El exceso de tonelaje —consecuencia de errores de cálculo en los trabajos de ingeniería— supondrá no solo un retraso, sino también un sobreprecio, que en este momento nadie se atreve a evaluar. El programa S-80, con un presupuesto de 2.200 millones de euros para cuatro sumergibles, es ya uno de los más costosos de las Fuerzas Armadas y el más importante de los encargados a la industria nacional.

El equipo de propulsión AIP se quemó y se negocia un recambio

La decisión de construir un submarino de diseño español está en el origen de muchos de los actuales quebraderos de cabeza. Tras el divorcio con el astillero francés DCN —con el que coprodujo los sumergibles Scorpène—, Navantia se lanzó a la aventura de construir, por primera vez en su historia, un submarino completo. Para algunos, fue una temeridad; para otros, un reto que, si tenía éxito, permitiría a España competir con su propio producto en el floreciente mercado mundial de submarinos.

Sin embargo, para resolver este problema Navantia recurrirá al “asesoramiento técnico de un socio tecnológico” extranjero. Lo más probable, según las fuentes consultadas, es que contrate a Electric Boat, una filial de la estadounidense General Dynamics que ya evaluó el proyecto original.

El sobrepeso no es el primer escollo con que tropieza el S-80. Aunque sea menos llamativo, el problema más complejo tecnológicamente está en su sistema de propulsión. La característica más novedosa del S-80 es que irá equipado con un sistema de propulsión independiente del aire (AIP). Eso supone que en vez de tener que emerger cada pocas horas, como los sumergibles convencionales, le bastará con hacerlo cada 15 o 20 días, casi como un nuclear.

Hay varios sistemas AIP operativos, como los fabricados por Suecia o Alemania, pero de nuevo aquí se optó por una solución española. Por indicación de la Armada, Navantia contrató con Hynergreen (una filial de Abengoa) la fabricación del procesador de bioetanol, que produce hidrógeno a partir de dicho combustible. La empresa diseñó un procesador a gran escala, pero falló a la hora de miniaturizarlo y el prototipo se quemó. Navantia está ahora en conversaciones con Técnicas Reunidas para que fabrique el procesador de bioetanol de los primeros submarinos.


El retraso provocado por el exceso de peso dará más tiempo para resolver el problema del AIP, aunque Defensa no descarta que el primer S-80 se construya sin incorporar todavía el nuevo sistema de propulsión. No parece que ese fuera un gran negocio: un submarino indiscreto con sobrepeso y sobrecoste.


Submarino disfuncional

Algún alto cargo de defensa y algún directivo de Navantia deberían estar explicando públicamente la naturaleza del problema, cómo se solucionará y quiénes son los responsables del esperpento

EL PAÍS 
10 MAY 2013

Mal hay que diseñar un submarino para equivocarse en el peso en 75 toneladas (quizá el error sea de 100 toneladas, todavía no está claro); muy mal hay que desarrollar un proyecto para que ese exceso de peso condicione la flotabilidad de la nave, cuya gracia, como su propio nombre indica, está en que pueda sumergirse y emerger a voluntad y con rapidez. El S-80 diseñado por Navantia, llamado (ahora sabemos que con sorna) Isaac Peral, se parece mucho a aquel submarino disfuncional de Gila, que los marineros tuvieron que hundir para descubrir después que era un barco. La historia parece un episodio chusco de la polémica sobre la ciencia española que tanto preocupó a Menéndez Pelayo. Tras romper contratos con el grupo tecnológico francés DCN, Navantia, crecida en pundonor y trapío, se atrevió a construir su propio submarino, el citado S-80. A lo peor el Señor no nos ha llamado por el camino de la tecnología, a pesar de todas las invocaciones al I+D+i; el caso es que el S-80 es una nave obesa y con graves problemas en su propulsión hipermoderna.

Pepe Gotera y Otilio han rechazado hacer las chapuzas necesarias para rectificar el desaguisado. En estos momentos, el dilema es o se construye el submarino made in Spain con 75 toneladas de sobrepeso y un sistema de propulsión del montón, de esos que obligan a emerger cada pocas horas, o se corrigen los diseños, se aplaza la entrega a la Marina y se pagan los costes del arreglo que encarecerán el presupuesto. Cabe una tercera solución, en el espíritu de Gila: que cuando haya de sumergirse se hunda a pedradas y que cuando toque emerger lo haga con flotadores de patito.

Los asuntos de dinero son muy serios. Algún alto cargo de defensa y algún directivo de Navantia deberían estar explicando públicamente la naturaleza del problema, cómo se solucionará y quiénes son los responsables del esperpento submarino. Es clamar en el desierto, porque los Gobiernos —el proyecto S-80 tiene una larga vida— son reacios a explicar las cosas; pero hay que recordar que los éxitos y los fracasos tienen responsables. Dijo ufano el presidente Rajoy que “ya nadie duda de España”. Nadie, excepto los españoles y los que tengan que navegar en el S-80.

Remitido por Fernando Cana