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domingo, 24 de junio de 2018

LA CARGA DE LOS TRES REYES.


Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El próximo 16 de julio se cumple el 798 aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad -seguro que el término les suena- contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa -también esto les suena, imagino- debilitada e indecisa.


Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas -tropas populares, para entendernos- y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes -Alfonso IX de León se quedó en casa-. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza. 


La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo -imagino que tendría otras cosas en la cabeza-, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros -porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros-; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria. 



¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura.

Arturo Perez Reverte
El Confidencial, 11.07.2010

viernes, 23 de febrero de 2018

PUNTO NEMO, EL LUGAR MÁS AISLADO DEL MUNDO.


Si tuviéramos que buscar el lugar más alejado de la civilización, el más aislado del resto del mundo, tendríamos que desplazarnos por el Pacífico sur y perdernos en su inmensidad, navegando durante días y días o sobrevolando el océano hasta alcanzar unas coordenadas concretas: 48º52’6″ Sur y 123º23’6″ Oeste. Es el llamado Polo de inaccesibilidad, más conocido como Punto Nemo en homenaje al personaje de la novela de Verne Veinte mil leguas de viaje submarino.

¿Qué hay allí? cabe preguntarse. La respuesta es nada. O sea, sólo agua y agua hasta una profundidad de 3.700 metros y distante 2.688 kilómetros de la tierra más cercana: por el norte la isla Ducie, una de las que componen el archipiélago Pitcairn que, por si no lo saben, es donde se refugiaron los marinos rebeldes de la Bounty (y nunca fueron encontrados, claro); por el sur, la isla Mahier, que forma parte de la Antártida; al oeste quedaría otra isla, la Chatham, y al este el extremo de Sudamérica, en la parte chilena.

De hecho, esas tierras están más lejos que la propia Estación Espacial Internacional, cuya órbita no supera los 410 km sobre la superficie de la Tierra. Julio Verne acertó, pues, al situar en esa zona la imaginaria isla Lincoln, base donde se escondía el Nautilus y que servía de escenario para otra de sus novelas, La isla misteriosa. Otra que cita el escritor en ese entorno, pero real, es Tabor (Los hijos del capitán Grant), como real y vecino era el pedazo de tierra donde Daniel Defoe hizo sobrevivir a su Robinson Crusoe: Tristan da Cunha.

Y es que el Punto Nemo parece un filón para la literatura fantástica, ya que muy cerca se localizaría también la ignota ciudad sumergida de Ryleh ideada por H.P. Lovecraft como tumba-prisión del temible Ctulhu de sus cuentos.

Ese tono enigmático de refuerza con un hecho real: en 1997, la estadounidense NOAA (National Oceanic and Atpospheric Administration) registró, merced a unos micrófonos colocados allí durante la Guerra Fría para detectar a los submarinos soviéticos, un extraño sonido de baja frecuencia al que bautizó Bloop. Nunca se identificó su causa, especulándose con seismos subacuáticos, luchas entre calamares gigantes y cachalotes, resquebrajamiento de icebergs, etc.

Así que el Punto Nemo es un lugar a tener en cuenta para no naufragar, so pena de encontrarse en medio de 21 millones de kilómetros cuadrados de océano, una superficie similar a la de la antigua URSS.

miércoles, 3 de enero de 2018

LOS 15 CASTILLOS MÁS BONITOS DE ESPAÑA


Por su historia, España ha sido y es todavía hoy tierra de castillos. Desde fortalezas austeras encima de montañas hasta verdaderos castillos que parecen palacios en el centro de ciudades y pueblos, a lo largo y ancho de la geografía española hay tantos que es difícil elegir sólo unos pocos.

Desde las dos Castillas hasta Andalucía o el País Vasco, explora los castillos y las fortalezas más increíbles de la península. Algunos son tan de cuento que te parecerán mentira.

1. Castillo de Coca, Segovia, Castilla y León

Cierra los ojos e imagina un castillo de cuento de hadas, con sus torres, sus almenas, murallas altas y un foso en el que nadan unos cocodrilos. Ábrelos ahora… El castillo de Coca (aunque sin reptiles) es uno de los más espectaculares de España por muchísimos motivos. Del siglo V, es una de las mejores muestras de la arquitectura gótico-mudéjar española y se eleva sobre un meandro del río Voltoya. Es Monumento Nacional y tiene un sistema defensivo espectacular, con puerta de reja incluida. No te pierdas la torre del homenaje ni la preciosa bóveda de nervaduras góticas con mosaicos geométricos de la Sala de Armas. Estuvo en ruinas hasta principios de siglo y hoy, ya restaurado, es Monumento Histórico Nacional. La Casa de Alba lo ha cedido al Ministerio de Agricultura hasta el año 2054.


2. Castillo de Butrón, Vizcaya, País Vasco

Aunque hoy está cerrado y en venta, el Castillo de Butrón es una maravilla de origen medieval que fue remodelada en el siglo XIX. Esta fantasía de torres, torreones, almenas y decoraciones tomó como base la casa-torre de los Butrón para convertirla en un castillo de estilo bávaro que impacta. La fortaleza está situada en un entorno privilegiado de gran riqueza natural y sus muros de más de 4 metros albergan varios salones, la antigua capilla, un gran salón de 200 metros cuadrados, el típico patio de armas, una biblioteca y una mazmorra. Durante años se usó como establecimiento hotelero con espectáculos medievales, pero hoy está cerrado y en venta.


3. Castillo templario de Ponferrada, León, Castilla y León

El castillo templario de Ponferrada es otra fortaleza de película entre las que salpican nuestra tierra. Está en la comarca de El Bierzo, en una colina en la confluencia entre los ríos Boeza y Sil. Aunque sus orígenes se remontan a un antiguo castro celta, fueron los templarios los que le han dado la fama y el nombre. Cuando la Orden del Temple fue disuelta, en el siglo XIV, el castillo pasó a manos de los condes de Lemos. Esta fortaleza llena de rincones bonitos es el fruto de siglos de reformas y ampliaciones. No te pierdas su patio de armas, los restos de la barbacana, parte del paseo de ronda ni la portada principal con sus dos torreones. Desgraciadamente, en el siglo XIX y principios del XX se perdió bastante cuando los locales lo usaron de cantera, se derribaron muros para construir un campo de fútbol e incluso se llegaron a volar algunas dependencias interiores. En 1923 fue declarado Monumento Nacional, frenando así el deterioro y propiciando su recuperación.


4. Castillo de Loarre, Huesca, Aragón

Su silueta se recorta contra el paisaje de forma dramática y por detrás lo rodea un pequeño bosque frondoso. El Castillo abadía de Loarre es un castillo románico que te quitará el hipo situado en Huesca sobre un promontorio de roca caliza. Es del siglo XI pero su estado de conservación es excelente y quizás por eso fue protagonista de la película “El reino de los cielos” de Ridley Scott con Liam Neeson y Jeremy Irons. La fortaleza es una verdadera visión, rodeada por una muralla de 172 metros de perímetro. Pero espera a cruzar la puerta de entrada, de estilo románico, para enamorarte de los capiteles decorados de la iglesia de San Pedro, sumergirte en la historia del calabozo y disfrutar de las vistas desde la torre del homenaje. Te recomendamos que sigas la audio guía, porque te parecerá que el lugar todavía está habitado.


5. Castillo de Belmonte, Cuenca, Castilla-La Mancha

El Castillo de Belmonte, rodeado por campos de trigo y con el cielo azul como telón de fondo, es una de las fortalezas más singulares y mejor conservadas que hay en la península. Se eleva sobre un cerro a las afueras de la villa homónima y es Monumento Nacional. Su aspecto exterior es casi el mismo que tuvo en el momento de su construcción, en el siglo XV, por orden del primer Marqués de Villena. Es una fortaleza palacio que impone a primera vista y que, como casi todas, fue abandonada durante siglos hasta que en el siglo XIX la emperatriz Eugenia de Montijo le devuelve su esplendor original. Hoy sigue estando habitado, se puede visitar y se celebra en sus terrenos el Campeonato Mundial de Combate Medieval. No te vayas sin visitar las mazmorras y el sótano. Quizás te suene si has visto las películas “Juana la Loca” de Vicente Aranda o “Los señores del acero” de Paul Verhoeven.


6. Castillo de Almodóvar del Río, Córdoba, Andalucía

En lo alto de un cerro con el pueblo de Almodóvar del Río a sus pies, esta fortaleza se ve desde la distancia y maravilla todavía más a medida que te acercas a sus muros. Sus orígenes se remontan a la ocupación musulmana, en el siglo VIII, aunque se han encontrado restos de un castro romano en el lugar. Durante la Edad Media se amplió y reformó, para darle el solemne aspecto que presenta hoy en día. El Castillo de Almodóvar del Río es un lugar prodigioso, con sus torres, sus almenas y su patio de armas. Afortunadamente, a principios del siglo XX su propietario (el Conde de Torralva) lo salvó de la ruina y la restauró. Hoy es uno de los castillos mejor conservados de España. Hacen visitas guiadas, teatralizadas y unas visitas nocturnas que se llaman “La luna negra” que no deberías perderte.


7. Alcázar de Segovia, Segovia, Castilla y León

Cuentan que Walt Disney se inspiró en el Alcázar de Segovia para el castillo de la Cenicienta y no nos cuesta creerlo. Este monumento de torres cónicas que domina el paisaje desde un cerro entre dos ríos es ciertamente de cuento. Se construyó en el año 1122 sobre una fortaleza hispano-árabe y aquí residió el rey Alfonso VIII. A lo largo de los siglos se restauró y amplió varias veces, y su perfil actual se lo debemos a Felipe II. El que fuera uno de los palacios-castillo más suntuosos de la España medieval es hoy un Monumento Histórico Artístico que nos cuenta la historia a través de sus salas y torres. La Sala del Trono y la de la Galera te van a encantar.


8. Castillo de Olite, Navarra

El Palacio Real de los Reyes de Navarra de Olite (este es su nombre completo) es una fortaleza que se construyó entre los siglos XIII y XIV como sede de la Corte del Reino de Navarra. Este palacio es un conjunto fascinante de estancias, jardines, fosos y dependencias nobles que viven a la sombra de torres de leyenda y que permiten entender por qué en su época fue considerado uno de los más hermosos de Europa. Fue víctima del tiempo y de un incendio durante la Guerra de Independencia que agravó el proceso de deterioro. En 1937 se empezó a restaurar para devolverle el lustre pasado y pese a que se ha perdido mucho hoy se puede dormir entre sus muros en un Parador de Turismo o pasear por rincones con tanto encanto como la Galería del Rey.


9. Castillo de Cardona, Barcelona, Cataluña

En el corazón de Cataluña se alza la fortaleza medieval más importante de la Comunidad. Esta gran masa de edificios de piedra corona una colina, desde la que se puede ver un paisaje sin igual. Se construyó en el año 886 y es de estilo románico y gótico, aunque vivió su máximo esplendor durante el siglo XV, bajo el dominio de los duques de Cardona, la familia más importante de la Corona de Aragón. Parte del recinto alberga un Parador Nacional de Turismo y la otra se puede visitar. Entre sus joyas están la majestuosa iglesia románica de San Vicente y la torre de la minyona, del siglo XI.


10. Castillo de Peñafiel, Valladolid, Castilla y León

¿Has visto alguna vez un castillo con forma de barco? Pues si no es el caso, pásate por la localidad vallisoletana de Peñafiel, donde una fortaleza de piedra clara se alza sobre una loma estrecha y larga. Monumento Nacional desde 1917, se construyó en el siglo X, cuando era rey de León Ramiro II, aunque fue el infante Don Juan Manuel quien lo dejó tal y como está. Con una planta de 35 metros de ancho por 210 de largo, el castillo de Peñafiel es un prodigio de la arquitectura medieval. Sus murallas son más que interesantes, pero la torre del homenaje es la joya de la corona. En una de sus salas está el Museo Provincial del Vino, así que aprovecha y disfruta de la gastronomía y el patrimonio histórico sin tener ni que moverte.


11. Castillo nuevo de Manzanares el Real, Madrid

El castillo nuevo de Manzanares el Real también se conoce como de los Mendoza, ya que fue el palacio residencial de esta casa noble durante siglos. Se trata de un palacio-fortaleza del siglo XV ubicado en el municipio de Manzanares el Real, junto al embalse de Santillana y a los pies de la Sierra de Guadarrama. El castillo se edificó sobre una ermita románico-mudéjar y es una verdadera joya. Es de planta cuadrangular y tiene cuatro torres (tres circulares y la del homenaje, que es octogonal), almenas, matacanes y una barbacana llena de saeteras lo rodea. Su patio interior está porticado y es una delicia, mientras que la galería gótica del primer piso es una de las más hermosas que habrás visto en tu vida.


12. Castillo de Vélez-Blanco, Almería, Andalucía

Encaramado en lo alto del precioso pueblo andaluz de Vélez-Blanco, este castillo se levanta sobre los restos de una antigua alcazaba islámica situada sobre este mismo cerro que controla la villa. Fue propiedad de Pedro Fajardo y Chacón, que fue nombrado Marqués de los Vélez por los Reyes Católicos, y aunque sigue siendo imponente podría serlo mucho más de no haber sido por el saqueo y el abandono que sufrió en el siglo XIX y el XX. Su precioso Patio Honor era una obra maestra del Renacimiento Español que fue vendido a un millonario americano que se lo llevó a Nueva York y donde hoy se puede ver dentro del Museo MET. Los preciosos frisos de madera que representaban “los doce trabajos de Hércules” y “los triunfos de César” también fueron vendidos y hoy están en el Museo de las Artes Decorativas de París. Aun así, la visita no te decepcionará.


13. Castillo de la Mota, Valladolid, Castilla y León

El Castillo de la Mota está en la villa de Medina del Campo, sobre una elevación del terreno (de ahí su nombre) desde la que controla toda la comarca. El recinto amurallado es imponente, en el típico ladrillo rojizo de la zona, tanto que no nos extraña que fuera declarado Bien de Interés Cultural en 1904. Su historia ha sido turbulenta y entre sus murallas y altas torres han estado prisioneros personajes como César Borgia, que se fugó descolgándose de la Torre del Homenaje usando sogas. Esta fortaleza ha sobrevivido a guerras y conflictos, que han dejado cicatrices que todavía hoy se pueden ver en sus muros. Se puede visitar, así que no te pierdas su fabuloso patio de armas, ni la capilla en estilo románico mudéjar. Es un viaje al pasado.


14. Castillo de Bellver, Mallorca, Baleares

Circular, con cuatro torres adosadas y unas vistas privilegiadas de la ciudad de Palma, el puerto, la sierra de Tramontana y el Pla de Mallorca, el Castillo de Bellver hace honor a su nombre (en catalán antiguo significa “bella vista”). Es una de las pocas fortalezas circulares de Europa y la más antigua de todas, ya que fue construido en estilo gótico mallorquín a principios del siglo XIV por orden del Jaime II. Un foso lo rodea y la torre del homenaje, la más grande, es un mirador fabuloso del que no querrás bajar.


15. La Alhambra, Granada, Andalucía

Aunque la Alhambra no es un castillo al uso, este rico complejo palaciego y fortaleza es sencillamente tan espectacular que no podía faltar en la lista. Situado en lo alto de Granada, fue la sede de la monarquía y la corte del Reino Nazarí y es una de las cumbres del arte andalusí, además de uno de los monumentos más visitados de España. La “fortaleza roja” es una gran ciudad amurallada en la que el tiempo parece haberse detenido para siempre. Entre habitaciones decoradas ricamente, salas con fuentes, el fabuloso patio de los leones, jardines paradisíacos y mucho más te parecerá que no estás en la tierra. Los Palacios Nazaríes son la verdadera joya de la corona, pero no te olvides de subir hasta el Generalife, una villa rural en la que la vegetación y el agua son protagonistas, junto con las vistas de la hermosa Granada. Como no podía ser de otra manera, la Alhambra es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.


EL TERRIBLE PODER DE LOS TERCIOS ESPAÑOLES: LO QUE HUBIERA PASADO SI LLEGAN A DESEMBARCAR EN INGLATERRA


El Ejército inglés era «pequeño, anticuado y sus tropas estaban repartidas entre las guarniciones de los barcos, la siempre insegura Irlanda, la frontera escocesa y Holanda». Su arma predilecta seguía siendo el arco largo, a pesar de que estaba desfasado frente a los arcabuces castellanos


El plan de Felipe II cuando envió a su Felicísima Armada a las Islas Británicas no era atacar directamente sus costas o desembarcar tropas, como le había aconsejado Álvaro de Bazán, el marino que murió invicto; su verdadera intención era que la Armada dirigida por el Duque de Medina-Sidonia se diera «la mano» con las tropas de Flandes, al mando de Alejandro Farnesio. Una vez embarcadas, atacarían Inglaterra para derrocar a la Reina Isabel. El problema básico es que las comunicaciones de la época hacían imposible que Farnesio y Medina-Sidonia llegaran a contactar a tiempo. El Monarca dejó aquel detalle, como otros tantos, a los designios de Dios, lo que se tradujo en un desastre causado por la indecisión y la meteorología.


El error del plan de Felipe II

Los ingleses no pudieron hundir prácticamente ninguno de los galeones españoles, pero los 130 barcos de Medina-Sidonia no alcanzaron a «darse la mano» con los ejércitos hispánicos en los Países Bajos. El empeño del andaluz, mal aconsejado por Diego Flores de Valdés, por ceñirse a las órdenes exactas del Rey hizo que los barcos españoles mostraran en todo momento una actitud defensiva y dejaran pasar varias ocasiones de hundir a la molesta flota británica, como en el caso del minuto eterno de Plymouth. Mientras Farnesio esperaba en vano a que le dieran aviso para enviar a sus tropas hacia la costa, y desde allí embarcar en barcazas; Medina-Sidonia arribó por sorpresa en Calais el día 6 de agosto de 1588.

La distancia entre Calais y Dunkerque, donde se suponía que estaba Farnesio con sus tropas, era, y es, escasa, a lo que Medina-Sidonia envío a su mejor mensajero, Rodrigo Tello de Guzmán, a bordo de una pinaza para contactar con él. No en vano, el mensajero descubrió que apenas había barcazas en la costa, faltaba artillería y las tropas eran escasas. El propio Farnesio estaba en ese momento a kilómetros de allí, en Brujas, cuartel general del Ejército.

Una vez en esta ciudad, el general español recibió a Tello de Guzmán, para explicarle que el grueso de las barcazas estaba escondido más al norte, concretamente en Nieuport, en tanto las tropas estaban distribuidas entre este puerto, el de Dunkerque y el de Diksmuide. En total 15.000 efectivos del Ejército de Flandes, una tropa de elite que en los últimos años había logrado llevar la guerra en los Países Bajos a la fase más favorable a España desde antes de la rebelión.

No obstante, según apunta Carlos Canales y Miguel del Rey en «Las Reglas del viento: Cara y cruz de la Armada española en el siglo XVI», la realidad era muy distinta de la dibujada por Farnesio. «No había nada preparado. A pesar de contar con una soberbia red de agentes en Francia, la llegada de la Armada al canal le había cogido por sorpresa, y no tenía ni la más remota idea de cuál era la situación...». Debió improvisar al saber que Medina-Sidonia estaba en Calais. Pero, mientras Farnesio ponía en marcha toda su maquinaria de intendencia, se produjo el único combate directo entre barcos ingleses y españoles: la batalla de Gravelinas.

En la madrugada del 7 al 8 de agosto, la Armada española recibió el ataque de ocho brulotes (barcos incendiarios) que rompieron por primera vez el orden de la flota y, en un momento de pánico, algunos capitanes soltaran las cadenas de sus anclas para salir cuanto antes de Calais. Aquella salida desordenada derivó en un intercambio de fuego con los ingleses, que causaron varias averías de gravedad en barcos principales como el San Felipe o el San Mateo.

El viento hacia el norte salvó a los españoles de recibir más daños, si bien condenó a Medina-Sidonia a bordear las Islas británicas por Escocia e Irlanda, donde se produjo el auténtico desastre frente a sus afiladas costas. La posibilidad de regresar a por el Ejército de Flandes se perdió ahí para siempre.


Tercios de Flandes contra tropas inglesas

La pregunta que se han hecho historiadores de todos los tiempos es cuál hubiera sido el porcentaje de éxito de aquella infantería de haber sido trasladada de Flandes a Inglaterra con éxito. La idea del Rey consistía en que las tropas, unos 16.000 hombres, fueran desembarcadas en las costas de Kent, frente a los Países Bajos. Posteriormente, la Armada se dirigiría a North Foreland, un poco más al norte de Kent, para asegurarse el dominio sobre Narrow Seas, con el fin de situar allí su artillería y las provisiones.

Aprovechando la superioridad de la infantería española, Farnesio avanzaría a Londres en un ataque relámpago tipo blitzkrieg que, imaginaba, dejaría noqueado al poder inglés. Con estas posiciones aseguradas, la flota de Medina-Sidonia llevaría más provisiones al Ejército en una ruta abierta con Flandes.

Claro está, que Felipe II no tenía en cuenta lo difícil que hubiera sido que las tropas obtuvieran provisiones desde Flandes con la flota ingleses pulularon a su alrededor. Sin otra flota que la neutralizara, Drake y compañía habrían impedido abrir una ruta segura. O a lo mejor el Rey confiaba en que la fuerza de sus Tercios se las arreglaría bien sin más refuerzos ni suministros, como una suerte de Expedición de los Diez Mil de Jenofonte...

En este sentido, existe consenso sobre la superioridad militar de los españoles una vez pusieran pie en tierra sus soldados. Entre 1500 y 1650, los tercios españoles se convirtieron en la más letal, efectiva y temida infantería de Europa. A imagen de las falanges macedonias y las legiones romanas, que también impusieron su superioridad militar, los tercios encontraron en la combinación de armas blancas (pica y espada) y de fuego (arcabuz y mosquete) una forma de aplastar el papel de la caballería pesada en Europa. En los campos de Flandes habían demostrado que ningún otro ejército, mercenario, voluntario o profesional, podía causarle grandes problemas en un combate abierto.

Frente a la fortaleza española, se extendía una fuerza inglesa desfasa y sin experiencia en combate. Los historiadores Geoffrey Parker y Agustín Ramón Rodríguez han analizado en varios trabajos esta cuestión. Para empezar, comenta Parker, las fortificaciones de las ciudades y puertos ingleses estaban completamente obsoletos, y databan de la época medieval o, en el mejor de los casos, eran del reinado de Enrique VIII. Para el tren de artillería de Farnesio –acostumbrado a las endiabladas fortalezas de Flandes y de Italia– los bajos muros ingleses no hubieran sido rival.

Sobre el Ejército inglés, comenta Agustín Ramón Rodríguez, era «pequeño, anticuado y sus tropas estaban repartidas entre las guarniciones de los barcos, la siempre segura Irlanda, la frontera escocesa y Holanda». Precisamente en la guerra de Flandes las tropas españolas vencieron con bastante sencillez varias veces a las inglesas, aliadas con los rebeldes protestantes. El Duque de Leicester demostró en la batalla de Grave, 1586, que le separaba un abismo del talento militar de Farnesio y de la efectividad de sus soldados. La veteranía de los Tercios de Flandes era algo que no se podía comprar ni entrenar a corto plazo.

Además, las tropas británicas eran poco fiables políticamente, al estar alistadas muchos católicos irlandeses (los únicos que aceptaban condiciones económicas tan malas), o eran susceptibles de corrupción, como también habían demostrado en Holanda. El país en general era poco fiable, ya que debajo de la mayoría protestante palpitaba aún una minoría católica que hubiera colaborado entusiasmada para derrocar a Isabel Tudor. Felipe II no dejaba claro en sus instrucciones si la Monarca debía ser ejecutada o si debía emplearse como reina de un gobierno títere.

A falta de efectivos profesionales, la Reina inglesa acudió a levas de milicias, mal armadas y peor entrenadas para defender la isla. Su arma más popular era todavía el arco largo inglés, enormemente popular en la Guerra de los Cien años, pero ya desfasada frente a la superioridad de los mosquetes y de los arcabuces, que los soldados castellanos manejaban con gran habilidad. A propósito de las milicias, Carlos Canales comenta en el mencionado libro: «Tenían más voluntad que capacidad real de lucha. Este hecho era perfectamente conocido por los altos mandos españoles que, sin despreciar a sus enemigos, sabían que se enfrentaban a paisanos armados sin apenas instrucción y experiencia de combate».

viernes, 13 de octubre de 2017

LA VERDAD HISTÓRICA FRENTE A LAS FALSEDADES DE LA 'LEYENDA NEGRA'


España no cometió ningún genocidio en América: lo que hizo fue poner fin a uno.

Uno de los mitos históricos que con más insistencia repiten algunos, en especial la extrema izquierda, es la supuesta existencia de un "genocidio" perpetrado por España en América. 


La definición de genocidio de la Corte Penal Internacional

Ciertamente, la conquista y evangelización de América tuvo sus luces y sus sombras, pero la realidad histórica dista mucho de la famosa "leyenda negra" creada por británicos y holandeses y hoy promovida por ultraizquierdistas. Los hechos históricos dejan claro que no se puede hablar, ni remotamente, de un genocidio español en América, y cuando digo "genocidio" me refiero a la definición del mismo que hace el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional en su Art. 6:

A los efectos del presente Estatuto, se entenderá por "genocidio" cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:

a) Matanza de miembros del grupo;
b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;
c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
d) Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo;
e) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.

Las leyes españolas protegiendo a los indígenas.

La ultraizquierda sostiene hoy que España se propuso aniquilar a los indios, una afirmación absurda. Recordemos que en 1512, ante las primeras noticias de maltratos a los indios, el Rey Fernando II firmó las Leyes de Burgos que consideraban "hombres libres" a los indios y la obligación de pagarles un salario justo por su trabajo. En 1542 el Emperador Carlos V dictó las Leyes Nuevas, que prohibían expresamente someter a los indios a esclavitud y a trabajos forzosos. A esto hay que añadir que entre la población española y los indios hubo un gran metizaje, incluso entre los nobles. Por el contrario, en la Norteamérica británica el mestizaje entre colonos e indios fue casi inexistente, y a los indígenas se les arrebataron sus tierras y se les confinó en reservas, cosa que no ocurrió en la América española.

Leyes de Burgos (1512)

España fundó en América 23 universidades abiertas a los indígenas.

La labor educativa de España en el Nuevo Mundo fue notable. En 1533 los españoles fundaron el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, en Nueva España (actual México),  que fue la primera institución de educación superior de toda América, y en el 1538 se fundó la primera universidad de América, en Santo Domingo. Tengamos en cuenta que hay países europeos que tardaron más tiempo en tener universidades. Y eso fue solo el comienzo. España fundó 23 universidades en América, abiertas a personas de todas las razas. Por el contrario, en la Norteamérica británica no hubo ningún centro de enseñanza superior hasta el Harvard College en 1636 (para entonces la América hispana ya contaba con 13 universidades), convertido en universidad en 1780 y en el que no pudieron cursar estudios alumnos no blancos hasta bien entrado el siglo XIX. Portugal fundó la primer auniversidad de Brasil en 1808.

Dos lenguas indígenas que alcanzaron su máxima expansión bajo el Imperio español.

Otro aspecto a destacar es el lingüístico. Aunque la Corona recomendó educar a los indios en español para facilitar el entendimiento con ellos, dada la multitud de lenguas amerindias que había, la labor misionera y educativa de España en América se tradujo en la conservación de lenguas precolombinas. En 1580 el Rey Felipe II ordenó la creación de cátedras para lenguas indígenas en las universidades de Lima y México y en las ciudades con Real Audiencia. Dos lenguas surgidas en el siglo V D.C., el náhuatl, idioma del Imperio azteca, y el quechua idioma del Imperio inca, alcanzaron de hecho su mayor expansión durante el Imperio español, gracias a los misioneros. Hay que tener en cuenta, además, que en las universidades de la América española se impartían el latín muchas de las asignaturas, además de enseñarse la lengua vehicular del Imperio y porque las lenguas precolombinas acabaron transcribiéndose con el alfabeto español. Hoy Hispanoamérica tiene una lengua común en la que se entienden entre sí más de 400 millones de personas, pero a la vez se han conservado lenguas precolombinas. Hay que tener en cuenta que la primera imprenta de la América española se instaló en México en 1535. Ya desde el siglo XVI se imprimieron diversas obras en lenguas indígenas (náhuatl, quechua, aymara, puqina...), que figuran entre los textos más antiguos en esas lenguas.

Las epidemias y el desastre demográfico de Hispanoamérica.

Los datos que acabo de exponer echan por tierra la tesis de que España se propuso la aniquilación de los indios precolombinos. Por supuesto, sí que hubo muertes. Los españoles combatieron contra algunos pueblos indígenas, como el Imperio azteca, contando como aliados con otros indígenas, como los totonacas y los tlaxcaltecas, enemigos de los aztecas y que siempre mantuvieron una buena relación con los conquistadores. Gracias a esas alianzas con pueblos indígenas los españoles, muy inferiores en número (en 1700 no eran más de 250.000 en toda la América española), lograron dominar un territorio enorme en mucho menos tiempo del que le llevó a los británicos controlar Norteamérica en 200 años con mucha más gente. No obstante, las plagas provocaron un desastre demográfico en la América española, causando el 95% de las muertes de ese periodo. No fue, de ninguna forma, un hecho provocado por los conquistadores, que a menudo se vieron sorprendidos por la enorme mortandad de los indígenas a causa de las enfermedades tráidas por los españoles. Esa mortandad se debió a que el sistema inmune de los indígenas estaba más indefenso frente a ciertas enfermedades (viruela, gripe, sarampión, la peste bubónica, la difteria, el tifus o la escarlatina) que ya había asolado Europa siglos atrás, haciendo relativamente inmune a su población. El aislamiento geográfico de los indios provocó que se viesen diezmados por enfermedades sin efectos letales para los europeos.

Torre de calaveras en Tenochtitlán, con los restos de hombres, mujeres y niños víctimas de los sacrificios humanos en el Imperio azteca.

Salen a la luz las pruebas del genocidio perpetrado por los aztecas. 

Algunos intentan presentar esto como un "genocidio", y lo hacen tergiversando por completo la definición del mismo y hasta culpando a Dios de haberlo cometido. Muestra de ello es un artículo publicado por la revista ultraizquierdista argentina, página 12 en 2010, afirmando que esas enfermedades fueron "un dardo envenenado asociado a la cruz y la espada. Una ayudita que el pequeño dios europeo, insigne en su maldad, les daba a sus sicarios". Presentar esas plagas como obra de un "dios europeo" que quería ayudar a los españoles a exterminar a los indios es un ejemplo claro de fanatismo ideológico llevado a los extremos más ridículos. En esos mismos círculos se echa de menos una visión más crítica sobre lo que hacían ciertos pueblos amerindios. Hace unos meses fueron descubiertas una torre de cráneos en Tenochtitlán, un monstruoso monumento azteca del que ya dio testimonio Andrés de Tapia, acompañante de Hernán Cortés, en 1521. Muchos tacharon aquel testimonio como una mentira para justificar la lucha de los conquistadores contra los aztecas, pero al final la arqueología ha demostrado que era cierto.

Hasta 100.000 sacrificios humanos al año en el Imperio azteca.

En una carta fechada en 1524, Fray Juan de Zumarraga, primer Obispo de México, señalaba que en Tenochtitlán sacrificaban a sus ídolos a más de 20.000 personas cada año y a más de 72.000 en todo el Imperio azteca, entre ellos 20.000 niños. El historiador mexicano Mariano Cuevas (1879-1949) cifró esos sacrificios en 20.000 anuales en Tenochtitlán, y señaló que "nos quedamos cortos" si ciframos en 100.000 sacrificios anuales los perpetrados en todo el Anáhuac, nombre dado por los aztecas al territorio que ocupaba su imperio. Así mismo, en el primer volumen de su "Historia de la iglesia en México", Cuevas señalaba: "En las vigas y gradas de Mixcoatl, edificio del templo mayor de México, contaron Andrés de Tapia y Gonzalo de Umbría 136.000 calaveras de indios sacrificados". En la misma obra señalaba que "los méxicas y vecinos aliados vivían en continuas guerras con otros pueblos guerreros, guerras que tenían por exclusivo objeto el cautivar el mayor número posible de sus contrarios para después sacrificarlos". 


En su película "Apocalypto" (2006) Mel Gibson escenificó los sacrificios humanos en el Imperio maya.

Unas monstruosas prácticas que también hacían otros pueblos precolombinos.

Mariano Cuevas señala que los aztecas mezclaban los sacrificios humanos de cautivos y esclavos con las prácticas de canibalismo con los cadáveres de los asesinados, después de extraerles el corazón y decapitarles. Era una auténtica orgía de sangre. El historiador mexicano relata la narración de un sacrificio hecho en 1487 -décadas antes de la conquista de México por los españoles- en un manuscrito azteca, que relata una ceremonia pagana en la que durante cuatro días, "desde la mañana hasta la puesta del sol", fueron sacrificados "ochenta mil y cuatro cientos hombres de diversas provincias y ciudades". Cuevas explica que los aztecas no eran los únicos que cometían estas horrendas prácticas. Entre los pueblos amerindios que también hacían sacrificios humanos cita a los tarascos, los mayas, los zapotecas y los matlacingas. Hoy sabemos, por los estudios arqueológicos, que también cometían estas monstruosidades los incas, los olmecas, los teotihuacanos, los toltecas, los totonacas, los mochicas y los muiscas.

En 1521 los españoles pusieron fin a esas prácticas genocidas, asociadas a las religiones paganas precolombinas. La evangelización de América hizo que los indios asumiesen una nueva forma de pensar en la que todos los hombres eran hijos de Dios y por tanto hermanos. Sin embarco, hoy la ultraizquierda y ciertos movimientos indigenistas asociados a ella intentan blanquear a los autores de esas monstruosidades, tapando esos sacrificios humanos y presentando a sus perpetradores como heroicos miembros de una resistencia contra el imperialismo español y contra la Iglesia Católica. Una propaganda basada en una burda falsificación de la historia.

viernes, 7 de julio de 2017

EL ANCIANO Y LA MUESTRA DE ESPERMA.


El doctor le pide una muestra de esperma a un hombre de 85 años como parte de su chequeo anual, le da un frasco y le dice:

- 'Lleve este frasco a casa y tráigalo mañana con la muestra de esperma'

Al día siguiente el hombre de 85 años vuelve al consultorio del doctor y le entrega el frasco que se encontraba tan vacío y limpio como el día anterior.

El doctor le pregunta que pasó y el hombre le explica:

- ' Primero intenté lograr el cometido con mi mano derecha y nada.

- Después traté con mi mano izquierda y aun nada.

- Luego le pedí ayuda a mi esposa.

- Ella trató con su mano derecha, después con su mano izquierda y aún nada.

- Ella dijo, ya sé como. Probó con su boca, primero con los dientes puestos, después trató sin los dientes y aún nada.

- Vino mi nuera y dijo, ¿a mí me van a enseñar? Probó un buen rato en posiciones distintas y cada vez más estrafalarias y no hubo caso.

- Incluso llamamos a Susi, la vecina de al lado, y ella también trató, primero con las dos manos, luego debajo del brazo y hasta apretando entre sus rodillas pero aún nada'.

El doctor estaba en estado de shock:

- 'Usted se lo pidió a su nuera y a su vecina?'.

Y el viejo paciente contestó:

- 'Sí Dr., ninguno de nosotros pudo abrir el frasco...

20 padre nuestros por pensar mal.....

viernes, 23 de junio de 2017

PLAYAS INSÓLITAS PARA VISITAR ESTE VERANO.


La naturaleza, a veces caprichosa, nos regala lugares insólitos de una belleza inusual. Esculturas naturales de figuras inverosímiles que se mimetizan con un entorno repleto de contrastes, colores y texturas. ¿Estás preparado para descubrir estos insólitos lugares donde bañarnos y disfrutar de algunas de las playas más bonitas y curiosas de España?


La playa de La Arnía, Cantabria

Es una auténtica maravilla situada en la costa de Santander. Esta encantadora playa de arena fina y dorada, es poseedora de un espectacular entorno repleto de pequeños islotes que representan un paisaje erosionado lleno de contrastes. Divisar su costa y contemplar sus acantilados desde las alturas, es una imagen difícil de olvidar.



Atlantis, Ibiza

El nombre de Atlantis es sinónimo de aventuras, misterios, secretos y leyendas. Se dice que la verdadera Atlantis puede estar en el Caribe, o el Polo Sur, mientras otros mantienen que nunca ha existido. Nos encantan los secretos, el misticismo y las aventuras y es la isla de Ibiza la que esconde muchos de estos secretos: uno de ellos viene vestido bajo este enigmático nombre, Atlantis, impuesto por algunos hippies que vivieron en la zona. Este lugar mítico y poco conocido por los turistas, está ubicado en la Reserva Natural de Cala d’Hort y se compone de rocas talladas, altares, pintadas en las paredes, figuras de budas y dioses. Un lugar mágico con una energía especial.


Playa del Inglés, La Gomera

Aaislada y tranquila playa, donde se suele practicar el nudismo, en la isla de La Gomera. Su arena negra se mimetiza con un impresionante paraje rústico que se extiende a lo largo de 300 metros de costa y al que acompaña unas aguas generalmente en calma, ideales para el baño. Aprovecha y relájate mientras paseas disfrutando de uno de los atardeceres más bonitos e increíbles que jamás hayas visto.


Playa de Chanteiro, A Coruña

Para qué ir al Caribe cuando puedes ir a la playa de Chanteiro y además disfrutar de grandes vinos y un mejor marisco. Esta playa situada entre las entradas de las rías de Ares y de Ferrol es un enclave único y privilegiado.



Playa de Teixidelo, Areas Negras (Galicia)

Si os cuento que la única playa de arena negra no volcánica de nuestro planeta está en Cedeira y que además es una de las playas más espectaculares de Galicia, seguro que os entran unas ganas irresistibles por descubrirla. Areas Negra es un entorno olvidado, donde el tiempo no pasa y el único sonido es la compañía de las aguas acariciando este pequeño enclave gallego.


Charco de los Clicos, Lanzarote

Si buscas playas, charcas o lagos atípicos sacados de una película de ciencia ficción, el Charco de los Clicos es tu lugar. El Charco de los Clicos se ha formado gracias al cráter de un antiguo volcán sumergido en el océano Atlántico, que junto a las verdes algas de su fondo y la arena negra de su playa, confeccionan un paisaje volcánico de gran belleza declarado Reserva Natural.


El Geoparque de la Costa Vasca

Si existe un lugar al que todo fotógrafo quiere ir es, sin duda, El Geoparque de la Costa Vasca. Este es un lugar impresionante formado por enormes acantilados que conforman el conocido Flysch y que nos regala unas vistas impresionantes de los acantilados precipitándose directamente al mar. Otra zona de especial interés es la parte interior de origen kárstico, otro paisaje cargado de historia y con multitud de interesantísimas cuevas como Ekain.


Playa de Oyambre, Cantabria

Otro entorno increíble de pequeños acantilados, dunas y frondosos bosques que delimitan La Playa de Oyambre. Ubicada dentro del Parque Natural de Oyambre entre las poblaciones de San Vicente de la Barquera y Comillas, es una de las mejores conservadas de la región.


La Cala de San Pedro, Almería

Ten fe y sigue el camino de algo más de una hora de ida y otro de vuelta para llegar a la playa de San Pedro en Almería. Una playa peculiar y de singular belleza, cuyos cálidos colores ocres y la rudeza de su territorio, contrastan con el agua cristalina que esconde un rico fondo marino de gran interés para los submarinistas. Se practica el naturismo y suele estar bastante llena en verano, disminuyendo significativamente el resto del año. Posee una fuente natural de agua potable y las ruinas del Castillo de San Pedro, cuya torre data del siglo XVI. Una playa repleta de sorpresas.


Playa de Berellín, Cantabria

También conocida como la Playa de Barnejo, te dejará sin palabras. Esta playa de fina y suave arena blanca se complementa a la perfección con un verde y frondoso entorno de origen kárstico, que se esconde confeccionando un conjunto de auténtica belleza en Prellezo, Val de San Vicente.


Playa de los Muertos, Carboneras (Almería)

Sabías que ... la extensa playa de los Muertos debe su nombre a esos cadáveres que llegaban a la Punta de los Muertos procedentes de naufragios en alta mar. Esta playa está ubicada en en el Parque Natural del Cabo de Gata, en Almería, una zona mediterránea preciosa y más descongestionada de la masificación turística de otras zonas turísticas. Abrigada por este parque natural, la playa de los Muertos esconde celosamente sus aguas cristalinas rebosantes de vida y las esculpidas rocas erosionadas por el vaivén de estas paradisíacas aguas.


Playa Area Maior en Louro, A Coruña

Cuando llegues a esta playa... detente, respira y disfruta de un entorno único, formado por el Monte Louro, la laguna de Xalfas, el cordón dunar y la desembocadura del río Negro. La playa de Area Maior es una maravilla de arena blanca, considerada por la comunidad naturista como una de las mejores playas nudistas de España y muy frecuentada por windsurfistas y surfistas. Es una playa concurrida y bulliciosa en verano, así que lo mejor será llegar temprano para disfrutar de un momento de tranquilidad y asegurarnos el mejor sitio.


Playa de Langre, Cantabria

Cantabria posee una playa de gran belleza que se deja mimar y proteger por su vertiginoso acantilado de 30 metros de altura. Muchos dicen que es la playa más bonita de Cantabria y la puedes encontrar en la localidad de Langre.


Playa de Cofete, Fuerteventura

Fuerteventura es una de esas islas para relajarte y que sentir que tiempo pasa lo más lento posible, sin prisas, por eso es conocida como la Isla tranquila. Es la segunda isla más grande del archipiélago canario, está repleta de impresionantes y cautivadores paisajes naturales, lugares atípicos que ofrecen paisajes muy pintorescos. La Playa de Cofete, es un fiel reflejo de ello, una maravillosa playa rodeada de una naturaleza salvaje y abrazada por el Macizo Montañoso de Jandía, posee más de 12 kilómetros de longitud, arena fina y aguas cristalinas, siendo ideal para esos largos paseos por su orilla al atardecer. Si queréis tener una visión general de la playa, el mejor punto para ello es el Mirador Degollada Agua Oveja, realmente impresionante.


La playa de Las Conchas, La Graciosa

Paradisiaca playa de fina arena y agua turquesa en la isla de La Graciosa. Es una de las islas con menos huellas humanas de las que tenemos en España, además de ser un territorio semidesértico. Las Conchas puede ser la mejor opción si buscas soledad y relax.


Boca do Río, Carnota

Boca do Río, es la zona de playa donde desemboca en el mar el río Valdebois, dentro de la playa de la Carnota. Es la playa más larga de Galicia y uno de los espacios naturales de mayor interés ecológico y paisajístico de la zona. Con la llegada de la bajamar se forman pequeñas piscinas naturales ideales para el disfrute de los niños.


Somocuevas, Cantabria

Si practicas el nudismo tienes que visitar la playa de Somocuevas en Liencres, sin duda, uno de los muchos lugares espectaculares que puedes visitar por estas tierras. Piensa en una pequeña y escondida playa envuelta por un paisaje misterioso de abruptas colinas e islotes de diferentes dimensiones. Su dificil acceso te llevará a sentir sus suave arena blanca y aguas cristalinas mientras disfruta de un estupendo día de sol.


Playa de Gulpiyuri, Asturias

¿Quién no has escuchado hablar de Gulpiyuri, a mitad de camino entre las localidades de Ribadesella y Llanes? Gulpiyuri es conocida como la playa más pequeña del mundo. Son tales sus características, que ha sido declarada monumento natural, además de formar parte del Paisaje Protegido de la Costa Oriental de Asturias. Esta extraña playa de interior se formó debido a un fenómeno conocido como “dolina”, el agua del mar va penetrando entre la roca caliza creando una cueva interior, el fondo con el paso del tiempo cede, hundiéndose y originando esta pequeña playa de unos 50 metros conectada con la costa.

miércoles, 14 de junio de 2017

MEMORIAL DAY


Muchas veces me pregunto que hace grande a una nación, tras duros debates conmigo mismo he llegado a una conclusión. No es su riqueza ni una numerosa población sino el respeto a su Historia, a sus antepasados y especialmente a los que dieron su vida por su país. Cada día siento más envidia a los EE.UU. y al Reino Unido que conmemoran su pasado sin prejuicios o luchas políticas como también hacen los países de Europa del Este, especialmente Rusia. Bueno, sin ser crítico, casi todos los países menos nuestra España, en la que por desgracia nuestro gran pasado militar fue relegado del sistema educativo por complejos o ideologías interesadas en olvidar la Historia común...


Cada último lunes del mes de Mayo los estadounidenses celebran el Memorial Day, con el objeto de recordar a los soldados estadounidenses que murieron en combate. El origen de este homenaje se retrotrae al final de la Guerra Civil Estadounidense también conocida como de Secesión, en la que el Gobierno de la Unión recordaba a sus caídos pero con el paso de los años se comenzó a rendir homenaje a los muertos de ambos bandos en un gesto de reconciliación nacional. La fecha fue proclamada el 5 de mayo de 1868 por el General John Logan, comandante nacional del Gran Ejército del país, y se conmemoró por primera vez el 30 de mayo. Tras la Primera Guerra Mundial, se convirtió en un homenaje a todos los soldados caídos por los Estado Unidos de América.


Será en 1966 cuando el presidente Lyndon B. Johnson lo declaró oficialmente y en 1971, en plena Guerra de Vietnam cuando se convirtió en un día festivo tras ser aprobado en el Congreso.

Los estadounidenses acuden a los cementerios militares a homenajear a todos los caídos, especialmente al famoso Cementerio de Arlington en las afueras de Washington D.C., dejando flores y una bandera (la bandera en el uniforme de combate US Army) a los pies de las lápidas.